De originales y remakes: ‘The Time Machine’, de H.G. Wells

Seguirá habiendo mucho debate con respecto a los remakes. ¿Son necesarios? ¿Cuál es mejor? ¿Por qué no simplemente restaurar o reestrenar los originales? Hay muchas teorías detrás de estas preguntas, y así también varios hechos, pero lo cierto es que los remakes suelen recibir mucha crítica negativa en vano porque comercialmente hablando, muchas veces tienen buenas razones de existir. Pero no quiero hablar de cómo funciona la industria del cine, quiero hablar de las películas en sí y las distintas versiones. 

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EL EXPERIMENTO

Un científico construye una máquina del tiempo y explica a sus colegas sobre su nuevo invento, aunque estos no le creen en absoluto y lo toman por bromista. Hay dos adaptaciones principales de la novela de H.G. Wells, siendo la primera de 1960 más fiel a la obra. La segunda película, de 2002, se toma varias libertades aunque con la misma historia base que popularizó la novela.

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The Time Machine, de George Pal

Como muchas de las películas de ciencia ficción que llegaron tras la Segunda Guerra Mundial, The Time Machine no era simplemente una obra del género que quería relatar una simple historia, sino pretendía hacer una crítica sociopolítica de la situación actual del mundo, tratando de dejar un mensaje evidente sobre el futuro de la humanidad con respecto a las guerras y las disputas sociedades distintas.

Así como otros títulos posteriores que usaron el elemento de viajes en el tiempo para el mismo propósito (ver la brillante original The Planet of the Apes, 1968), esta primera adaptación de la novela de Wells agrega algunas secuencias sobre la Pimera y Segunda Guerra Mundial para dejar bien claro de qué quiere hablar. Pasa de ser un relato futurístico a una advertencia de valor relevante e irrefutable. Cuando el inventor George (Rod Taylor) viaja años adelante, se encuentra primero con las consecuencias de la guerra. Los vecinos corren despavoridos a refugiarse cuando una nueva bomba atómica se acerca para destruir todo a su paso. Es una imponente escena en que el miedo se hace antagonista y la humanidad comienza a ver los efectos del caos reinante.

George viaja entonces miles de años al futuro y logra salir cuando la máquina marca 802.701, donde se encuentra con una sociedad hedonista donde no existe ninguna clase de comunión familiar o social más allá del simple trato común con la siguiente persona con la que uno se cruza. Indiferentes y con la inteligencia reducida, este nuevo grupo de hombres/niños -llamados Eloi- son una admonición para la raza humana, cada vez más olvidando a sus prójimos y enfrascándose en sus propios asuntos, sin respeto por valores tan básicos de convivencia que favorecen para la evolución del hombre como un ser de empatía y solidaridad.

Aunque la trama es bastante sencilla, la crítica hace que tenga un peso distinto que no pueda ser dejado de lado tan fácilmente. La presencia de los Morlock no solamente sirve como conflicto para el héroe, que se encariña con una Eloi llamada Weena (Yvette Mimieux) que es luego secuestrada, sino que habla también acerca de la fácil sumisión de una sociedad hipnotizada que no cuestiona las acciones de un pueblo que dormita sin interesarse de más por el pasado ni el futuro. La película ganó un Oscar por sus Efectos Visuales, que mezclaron acción real con dibujos de forma innovadora al retratar el futuro, pero es la historia y cómo la cuenta George Pal lo que la hace una buenísima obra de ciencia ficción.

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The Time Machine, de Simon Wells

Es casi irónico que la versión menos interesante sea el remake del 2002, ya que está dirigida por Simon Wells, tataranieto de H.G. Wells. Esta versión solo toma la base de la obra original y hace algunos guiños a la primera película, pero aparte de eso, no es más que un aventura de ciencia ficción sobre un viajero en el tiempo que se queda estancado en el futuro intentando responder algunas preguntas existenciales con respecto al tiempo. Introduce algunas paradojas interesantes que ahondan un poco en la fantasía del universo como algo controlado por el destino, algo inevitable, pero no realiza mayor análisis sobre eso.

Alexander (Guy Pearce) es un inventor y científico que es testigo impotente del asesinato de su novia, y cuatro años después termina de inventar la máquina del tiempo con el objetivo de regresar y salvarla. Una vez que lo logra, vuelve a quedar vacío cuando ella muere en un accidente. ¿Por qué no se puede cambiar el pasado? La pregunta es relevante y funciona como misterio a ser resuelto, pero una vez que el protagonista viaja al futuro, la trama se vuelve simple y termina siendo un thriller de acción sin mucha reflexión.

No hay ninguna crítica sino una sutil advertencia sobre el anhelo del hombre por conquistar las estrellas, generando una desatención por los problemas propios del planeta, pero no es más relevante porque apenas hay alguna alegoría con la tecnología y sus peligros, y se queda a medio camino de ofrecer una visión sobre sus posibles consecuencias reales. Sin el peso de la introspección humana, no es más que una película con lindos efectos especiales y una memorable banda sonora. Eso no es necesariamente algo malo, pero en comparación, se queda corta.

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Acerca de Emmanuel Báez 2309 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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