De originales y remakes: las películas de ‘Clash of the Titans’

Seguirá habiendo mucho debate con respecto a los remakes. ¿Son necesarios? ¿Cuál es mejor? ¿Por qué no simplemente restaurar o reestrenar los originales? Hay muchas teorías detrás de estas preguntas, y así también varios hechos, pero lo cierto es que los remakes suelen recibir mucha crítica negativa en vano porque comercialmente hablando, muchas veces tienen buenas razones de existir. Pero no quiero hablar de cómo funciona la industria del cine, quiero hablar de las películas en sí y las distintas versiones.

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LA MITOLOGÍA

Perseo es el héroe. Zeus es el Dios. Andrómeda es la dama en apuros. Hay un montón de monstruos en el camino, así como magia, acción, enfrentamientos míticos y espeluznantes momentos que serán el mayor relato de cualquier aventurero. La clásica historia del semidios que deberá luchar contra todo tipo de criaturas para salvar a una mujer y todo un Imperio.

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Clash of the Titans, de Desmond Davis

Caí a los pies de Clash of the Titans una vez que fue anunciado su remake hace unos cuatro años y me senté una tranquila noche a verla. Tiene todos los elementos de una clásica aventura, explotadas con una fotografía casi de clase B pero con buen estilo, utilizando stop-motion con miniaturas, que para ese entonces (1981) ya estaba siendo considerado un arte muerto.

Pero lo más importante de aquella versión de Desmond Davis es el respeto hacia la mitología y hacia el espectador, lo que le da instantáneamente un valor lastimosamente poco común en las películas de hoy, especialmente en las “reversiones” que son, por sobre todas las cosas, realizadas pensando en la taquilla. La historia comienza con Acrisio, Rey de Argos, negando al hijo recién nacido de su hija Danae, y enviando a ambos a una muerte segura, debido a que Zeus se enamoró de ella y la embarazó bajando en forma de una lluvia de oro. Arriba en el Olimpo, los Dioses conversan de forma natural, debatiendo sobre qué hacer con respecto a esto.

La escena estructurada muy teatralmente es magnífica y Lawrence Olivier es el Zeus perfecto, engreído y altanero, pero al mismo tiempo con una presencia realmente divina, sin necesidad de caer en lo bruto ni lo sucio. Después de todo, son dioses, y su mera existencia es una alegoría de todo lo que es bello e impoluto. Zeus encarga a Poseidón destruir Argos con el Kraken y calmar los mares para que Perseo llegue sano y salvo a Sérifos, donde crecerá hasta conocer su destino. Por otro lado, castiga a Calibos, hijo de Tetis, por sus crímenes, y lo expulsa a vivir con forma de lagarto en la suciedad de los pantanos.

Por supuesto, el guión se toma algunas libertades con la historia de Perseo, pero aún respetando la mitología y manteniéndose coherente enfocándose en la aventura. En papel, sería fácil opinar que Clash of the Titans se vería ridículo; después de todo, el cine ha visto muy pocas películas basadas en mitologías greco-romanas probablemente porque son historias que siempre funcionaron mejor en teatro. Y sin embargo, acá hay una película con diálogos altamente teatrales y una producción bastante pulcra que funciona muy bien (y que además, fue un éxito financiero), aún si los efectos especiales puedan parecer fuera de época, o si algunas actuaciones puedan verse acartonadas.

Los que no brillan por su sola aparición, como Olivier en el papel de Zeus, o Maggie Smith como Tetis, se defienden como pueden y aún así no resultan aburridos. Judi Bowker es también la Andrómeda más adecuada que el cine podría haber visto, agraciada con una belleza radiante, y Davis no duda en hacer que la cámara se enamore de ella en cada primer plano. Harry Hamlin es un Perseo de pintura renacentista, casi demasiado delicado, pero lo hace creíble hasta cuando debe enfrentarse a Medusa, la Gorgona.

Hay suficiente aventura, si uno se deja llevar, como para disfrutar de una película que es innegable entretenimiento. Inclusive tienen a su propio R2-D2 en forma de un búho llamado Bubo, creado por Hefestos por orden de Atenea, que aparece en los momentos justos y necesarios para el alivio cómico, formando un conjunto mágico que con más de 20 años de vida, es notablemente superior a su ruidoso remake del 2010.

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Clash of the Titans, de Louis Leterrier

Louis Leterrier venía de dirigir la estrepitosa The Incredible Hulk, así que imagino que estaba con la adrenalina aún en alto con ganas de explotar todo a su paso dejando la coherencia de lado, al mejor estilo Transformers. Y eso fue lo que hizo. En una era en que está de moda hacer reimaginaciones “sucias y realistas”, esta versión de Clash of the Titans se aleja estéticamente de la original de 1981, así como en lo actoral y en el guion que a todas luces sirve a los efectos especiales, y no al revés como sería en una propuesta bien cuidada.

Por ejemplo, es impresionante cómo la animación en stop-motion de Medusa resulta mucho más imponente y causa más miedo que la decente animación digital de esta versión. La fotografía de la versión de Davis está enfocada en hacer resaltar su presencia a través de las sombras, lo que resulta más tenebroso. La Medusa de la nueva película es una linda pieza digital y nada más.

El primero de varios problemas del remake de Leterrier es uno general que existe en el cine de fantasía y ciencia ficción moderna. Comienzan explicando absolutamente todo y tratando de idiota al espectador, como si éste no fuera capaz de comprender la naturaleza de los protagonistas a través de sus acciones o demás elementos como la vestimenta, ambientación o diálogos. La película inicia con un prólogo donde cuentan todo sobre los dioses como un sucio resumen de folleto. “Mitología para idiotas”. Rápidamente conocemos a Perseo (Sam Worthington), y su vida inicia con una tragedia que lo pondrá en el camino de su destino cuando Hades (Ralph Fiennes) destruya su barco y mate a su padre adoptivo humano.

Y a eso le sigue casi la misma reunión en el Olimpo, donde Liam Neeson interpreta a Zeus y todos visten armaduras salidas de Caballeros del Zodiaco, que relucen exageradamente al mejor estilo J.J. Abrams, lo cual es bastante ridículo considerando que son Dioses. ¿Para qué necesitan armaduras? De cualquier manera, es todo lindo de ver, aunque no es nada más que eso. Neeson y Fiennes intentan demasiado y en todo momento parece que están a punto de carraspear por la forma en que hablan. No tienen presencia de dioses ni se ven verdaderamente como tales en ningún momento, sino a través de los efectos especiales de videojuego.

Lastimosamente, Worthington no es más que una cara linda y el aspecto descuidado de su personaje -a diferencia del pulcro y elegante de Harry Hamlin- hace que sea poco interesante seguirlo. Así también, la hermosa Alexa Davalos, que hace de Andrómeda, no es ni tan radiante ni agraciada como Judi Bowker. Esta versión se mantiene medianamente entretenida a pesar de ser muy superficial. Algunas secuencias de acción se dejan ver y quizás podamos decir que el Kraken es más terrorífico que la versión en stop-motion, aunque la diferencia está en casi todo lo demás.

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Acerca de Emmanuel Báez 2316 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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