‘Viento Salvaje’, los olvidados entre la nieve

La tercera película del guionista Taylor Sheridan -su segunda como director- es un perturbador y desesperanzador -aunque poético- relato que se disfraza de thriller criminal para puntuar una problemática real que tiene mucho que ver con la pérdida de la identidad norteamericana, aunque el tema puede resonar fácilmente con cualquier pueblo en cualquier parte del mundo que se encuentre en la misma situación de desconexión con los nativos de su tierra. La trama de Wind River empieza con la figura de una adolescente nativa americana corriendo descalza en la nieve, jadeando de dolor y desesperación. Tropieza un par de veces y se desploma, rindiéndose ante la penosa circunstancia. No hacen falta más detalles para saber lo que acaba de ocurrir. Al mismo tiempo la escuchamos recitar un poema cuyo significado tal vez se revele más adelante. Es un tributo adelantado por parte de Sheridan, comunicando que su historia tiene una intención catártica para algo bastante real.

Jeremy Renner interpreta a Cory Lambert, un veterano cazador que trabaja para el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de los Estados Unidos, protegiendo a los animales más débiles de la zona y buscando el equilibrio ambiental a través de su labor. No es aleatorio que Sheridan le haya dado a su protagonista un rol tan específico como el de cazar animales depredadores, y es uno de los tantos puntos que elevan la película más allá de su premisa de género. Renner -que ya demostró anteriormente que es mucho más que un superhéroe- ofrece una interpretación sentida pero sutil, comprendiendo profundamente a su personaje. Ayuda bastante que tenga una química palpable con Elizabeth Olsen, que hace de la joven agente del FBI Jane Banner -con quien ya colaboró en las películas de Marvel-, aunque ella no tiene realmente mucho espacio para desarrollarse más allá de su obvio papel de la novata que necesita aprender demasiado en poco tiempo. Sin embargo, hay pocos clichés en su desarrollo y su personaje es sumamente interesante en el contexto de la película, que expone de forma visceral una problemática actual.

El escenario es un pueblo alejado de la ciudad, donde la nieve cubre hasta donde alcanza la vista y la movilidad es una odisea diaria. A medida que avanza la trama procedimental y van surgiendo pistas con respecto al misterio del asesinato de la joven nativa, rebota e insiste el conflicto de unos personajes atrapados por su cultura, su origen, y su resignación. La única persona que pensó en alejarse del lugar y buscar un nuevo destino más allá de las fronteras termina siendo violada y asesinada, y eso dice mucho acerca de la dura línea que se ha trazado con el correr de los tiempos por cuestiones de razas, y la vigente sensación de superioridad del hombre blanco con respecto a todas las demás. Podría haber sido un thriller más sobre unas misteriosas muertes en un pueblo sumido en la nieve -como intentó serlo The Snowman este mismo año-, pero Sheridan no desaprovecha la oportunidad para compartir un tema interesante que debería ser punto de conversación constante.

El realizador encara el tema con una película impulsada por sus protagonistas, en el que el género nunca toma las riendas sino a través de cada momento en que sus personajes se van abriendo más, mostrándose descarnados ante una situación lamentable que no tiene explicación racional. No solamente habla sobre la cuestión de las razas sino que se torna reflexivo acerca de la paternidad y el desapego generacional. Cory es también un padre de familia que procura seguir siendo un modelo para su hijo preadolescente, a pesar de estar también luchando contra los recuerdos de la misteriosa muerte de su propia hija años atrás, lo que resultó en la separación de su mujer, también una nativa americana. Todos estos factores lo llevan a aceptar fácil y rápido la invitación de Jane para ayudarlo en el caso, ya que debido a una reglamentación legal absurda -pero verídica-, se corre el riesgo de que el mismo termine en la nada, como ya sucedió muchas veces anteriormente.

Sheridan también se muestra muy respetuoso con la esencia misma de su historia poniendo actores apropiados en su elenco. El siempre correcto Graham Greene interpreta a Ben, el jefe de la Policía Tribal; Apesanahkwat es Dan, el exsuegro de Cory, a quien visita regularmente, y Tantoo Cardinal es Alice, su suegra. Tal vez se desaprovecha la oportunidad en profundizar en el duelo de los padres nativos y cómo se ven obligados a enfrentar la muerte de su hija en una tierra que piensa poco o nada en ellos, sabiendo que buscar ayuda de la justicia es fútil, pero esa hubiese sido completamente otra película. Sheridan quiere que veamos todo desde el punto de vista del salvador blanco, que en esta ocasión no molesta para nada ya que el relato es bastante sólido y lleno de suspenso que se maneja muy bien hasta el catártico desenlace.

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Total: 5 Promedio: 4.2
Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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