‘The Cloverfield Paradox’, la primera decepción de la antología

The Cloverfield Paradox pasará a la historia por varios factores, y ninguno de ellos es que es una película genial. Ciertamente no es mala, pero es un producto más digno de análisis de marketing que cinematográfico. Escrita por Oren UzielDoug Jung  y dirigida por Julius Onah ya a mediados del 2016, se trata de una película que nació como una obra independiente que luego fue succionada por J.J. Abrams, y manipulada en posproducción para adjuntarle la etiqueta Cloverfield que no pertenece en ningún momento. Después de casi dos años de silencio y puros rumores, finalmente Netflix anunció el título oficial y el estreno inmediato en una de las movidas más locas de distribución de los últimos años. Al igual que ocurrió con 10 Cloverfield Lane, que originalmente se llamaba Valencia y no tenía nada que ver con la sorprendente película de Matt Reeves del 2008, esta producción se llevó a cabo con el título God Particle, y si uno presta un poco de atención, se hace casi evidente lo que fue agregado para formar parte de esta antología creada forzosamente sin mucho interés por la coherencia.

El problema justamente es que la película se disfruta más si uno no presta demasiada atención y se deja llevar por los geniales conceptos que presenta, los cuales no son nada originales -seguidores de la serie Fringe seguramente saltarán de la emoción en más de una ocasión, lo cual tiene sentido ya que la misma fue producida por Abrams-, pero sí son efectivos porque visualmente es muy entretenida y Onah es más que competente con el suspenso. La película tiene inclusive la rareza de Doctor Who y se pasea por los sombrías ideas de Event Horizon, aunque los fanáticos del género de terror espacial sentirán un cosquilleo reciente demasiado fuerte como para ignorarlo, y es probablemente la película Life del 2017, que parece casi un sinónimo cinematográfico. Sin embargo, aunque no conquista por culpa de un guion blando y forzado, hay una fuerza actoral que lleva adelante la cosa con mucha energía, en especial Gugu Mbatha-Raw que destella con contundencia y talento innegable.

Ella interpreta a Hamilton, una de las tripulantes de la estación espacial que se encuentra en órbita trabajando en un experimento avanzado con un acelerador de partículas diseñado para buscar un fin a la crisis energética en el planeta Tierra. Los demás tripulantes son Schmidt (Daniel Brühl), Mundy (Chris O’Dowd), Tam (Ziyi Zhang), Munk (John Ortiz), Volkov (Aksel Hennie), y el Comandante Kiel (David Oyelowo). Luego de más de dos años de pruebas en el espacio, la máquina finalmente funciona, pero un desequilibro desconocido causa que la Tierra desaparezca, generando un pánico instantáneo entre todos. El misterio se acrecienta cuando empiezan a escuchar gritos en algún lado de la estación, y descubren a una mujer atrapada en la pared, la cual se identifica como una tripulante más de nombre Jensen (Elizabeth Debicki).

La premisa básica es realmente fascinante. Si bien la lógica es rápidamente expulsada, hay algunos trucos demasiado bien ejecutados como para entrar a la galería de escenas inquietantes que no necesitan explicación para ser memorables. Hay decisiones narrativas que seguramente fueron tomadas sencillamente porque se veían “cool”, y definitivamente no tengo problema con eso en una o dos ocasiones. Cuando empiezan a suceder cosas insólitas -porque siempre tienen que empezar a ocurrir cosas extrañas en este punto en toda película de terror espacial- es un pequeño festín de escenas espeluznantes que se aprovechan de la intriga y la ansiedad para confundir más. Es como que se sentaron a idear situaciones de pesadilla y luego las tiraron en el medio del guion, sin preocupación alguna por el sentido o no que podrían tener con el resto de la historia.

Es hasta una pena que haya terminado siendo una película de Cloverfield. El buen ritmo que mantiene la narración se ve cortado en varias ocasiones para seguir en la Tierra a Michael (Roger Davies), el marido de Hamilton, cuyas escenas parecen demasiado artificiales -constantemente se lo ve en primeros planos y nunca se entiende qué es exactamente lo que está observando- y en más de una ocasión parece insertado de la nada. Otra cosa notablemente insertada es el nombre de la estación, que es nombrada como “Cloverfield” en dos o tres comunicaciones, mientras que parches e insignias muestran otro nombre. Lo más vergonzoso es una especie de transmisión televisiva que uno de los tripulantes ve en medio de la misión, y donde una presentadora de noticias está entrevistando al autor de un libro titulado… “The Cloverfield Paradox”, el cual menciona absurdamente las posibles consecuencias de lo que ellos están por hacer: monstruos de otra dimensión, bestias marítimas que podrían despertar, alteraciones en el espacio-tiempo. Básicamente, un adelanto de todo lo que sucederá, pero de la forma más estúpida posible.

Si dejamos todos estos agregados ridículos de lado, hay una película genial, pero no es una película de Cloverfield. Para distraer más positivamente hay un diseño de producción espectacular y la banda sonora de Bear McReary (que también musicalizó 10 Cloverfield Lane) se fusiona a la perfección con un diseño de sonido muy bien elaborado, lo cual es esencial en este tipo de títulos. Sin embargo, es un pobre intento por exprimir una idea estupenda para crear algo parecido a una franquicia que realmente tenía potencial, pero que ahora creo no es nada orgánica como para disfrutarla entera. Y si tengo que ordenar las tres películas en calidad, definitivamente esta queda en la tercera posición por ser la más descarada, aunque es igualmente entretenida y efectiva, y eso es suficiente para un domingo de tarde.

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Total: 10 Promedio: 2.5
Acerca de Emmanuel Báez 2460 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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