‘Paddington 2’ es una de las películas más tiernas de los últimos años

Las películas familiares suelen pasar fácilmente desapercibidas porque se contentan con lo básico, lo cual no tiene nada de malo, excepto que si es posible divertir con un mensaje puro y trascendental que cale hondo por la forma en que llegue al público, entonces es un buen estándar que se debería buscar con cada relato. El mensaje de Paddington es bastante básico: es acerca de la familia, de confiar unos en otros y, por sobre todas las cosas, es acerca de la bondad. Se me vienen a la cabeza un centenar de títulos que encaran los mismos temas, pero la diferencia es que esta película lo hace con mucho ingenio y un atractivo visual que enamora profundamente, ya que no se conforman con transmitir el mensaje sino que buscan la manera en que este trascienda más allá de la pantalla y tenga un efecto duradero.

Paul King vuelve a dirigir esta secuela y sigue presentando las aventuras del oso con un verdadero cariño al personaje, además de un notable amor al cine, con influencias obvias de realizadores como Wes Anderson y Jean-Pierre Jeunet, y un humor cargado de slapstick del más inocente y simpático, así como una sencilla pero directa ternura que conquista por su sinceridad. En el 2014, los titulares de los medios de prensa europeos copaban semana a semana noticias relacionadas a la xenofobia, por lo que la historia de una familia londinense recibiendo con brazos abiertos a un extraño pero adorable oso del Lejano Perú adquirió un peso más allá de la película. Unos años después, permanece el mensaje de la bondad por encima de todo, y con las noticias que leemos todos los días, sigue siendo relevante.

En esta ocasión, Paddington decide buscar un trabajo de verdad para ahorrar y poder comprarle un regalo a su Tía Lucy, quien se encuentra en una casa para osos retirados en Perú, y está por cumplir 100 años. No todos los días un oso llega al siglo de vida, por lo que Paddington está ansioso por conseguirle un regalo que realmente transmita lo agradecido que está por haber sido salvado cuando no era más que un osezno. La película empieza con un prólogo en el que relatan cómo en realidad sus tíos son adoptivos, y estos lo rescataron de morir ahogado (impresionante secuencia filmada en las cataratas de Yguazú con ayuda de una producción paraguaya, que no es dato menor). No es simplemente una revelación mínima, ya que expande el trasfondo del encantador héroe peludo y hace que el mensaje de bondad sea más agudo. A pesar de un trágico pasado -algo que siempre se usa como argumento para escribir personajes complejos y, en ocasiones, oscuros y dañados- él solo busca sacar el mejor lado de todos.

En la tienda de antigüedades se encuentra con un libro ilustrado tridimensional que presenta la ciudad de Londres. Es el regalo perfecto. La tía Lucy siempre quiso conocer la ciudad, pero como no pudo hacerlo debido a que crió a Paddington, él decide trabajar para comprarlo. Le siguen escenas salidas del mundo de Chaplin o Keaton, con un humor exagerado pero con una sensibilidad clásica, sin jamás acercarse siquiera a la vulgaridad. Este es el tipo de comedia familiar que hace que las películas infantiles con chistes de pedos sean una verdadera vergüenza. Es cierto que ese tipo de obras hace que los niños rían, pero también los toman por tontos, como si no fueran capaces de comprender situaciones más graves si son contadas con delicadeza. Lo que atraviesa Paddington llega a ser cruel, nada típico del más común cine comercial para toda la familia, pero ninguna vicisitud es gratuita ni ningún obstáculo es chocante para los niños porque el personaje mantiene siempre un halo de pura simpatía.

Ayuda bastante que la trama sea verdaderamente cautivadora. Hugh Grant interpreta a un actor cuya época dorada ya es cosa del pasado, y actualmente se dedica a protagonizar comerciales de comida para perro. Cuando descubre que el libro ilustrado que quiere Paddington tiene en sus páginas pistas para desenterrar un tesoro millonario, lo roba de la tienda y se escapa, mientras que la policía confunde a Paddington con el criminal y lo encierran en la cárcel, donde transforma la vida de los reos a base de cordialidad y mucha mermelada de naranja. El elenco ya introducido en la primera película repite haciendo lo suyo, nada muy destacado pero no por eso menos agradable y justo. El espíritu de aventura es realmente fuerte en esta continuación, que no es solamente un punto a favor de las secuelas sino que además emociona sobremanera con un protagonista CGI y algunas secuencias de acción que no requieren para nada del fútil 3D para hacerlo.

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Total: 3 Promedio: 4.7
Acerca de Emmanuel Báez 2460 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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