‘Kingsman: The Golden Circle’, secuela que divierte a medias con más de lo mismo

CRÍTICA CON SPOILERS

La primera película de Kingsman no pretendía ser el monumento al cine de espías, pero fue de igual manera bastante entretenida y hasta algo demente dentro de los límites del cine comercial. Colin Firth, uno de los actores más elegantes y sofisticados que trabajan ahora mismo, se prestó para una propuesta que lo puso en una posición que no había tenido anteriormente, el de un agente espía en una película que homenajeaba al género en su forma más disparatada. La secuencia de cuatro minutos dentro de la iglesia no pasará a la historia, pero definitivamente encabezará listas, marcando a Matthew Vaughn como un director osado, que sabía exactamente cuándo contenerse y cuando desenfrenarse. Lastimosamente, su personaje falleció a manos de Samuel L. Jackson, dándole al guion una urgencia necesaria para que la trama adquiera más peso, aunque esa ausencia ya vaticinaba un dilema cuando se anunció que su personaje volvería.

Su retorno es uno de los problemas que tiene Kingsman: The Golden Circle, que es para mí una decepción porque realmente disfruté de la primera entrega y esperaba más de ese balance entre moderación con picos de desenfreno controlado, en el que tendrían que haber resaltado nuevos personajes carismáticos y situaciones similares que ofrezcan un guiño al cine de espías más fantasioso de James Bond además del universo más imaginativo de los comics y los relatos retro de espías con gadgets increíbles pero divertidos. Al contrario, Vaughn comete los típicos pecados de las secuelas, firmando el guion junto a Jane Goldman, su frecuente colaboradora, sin haber pensado suficiente en lo que hizo a la primera película una obra entretenida. Simplemente le subió la orgía narrativa a diez y le condimentó con los clichés más gastados.

Sin embargo, no es un completo desastre. Las adiciones al casting y el cambio de escenario le aportan sabor al universo que creó, ya que en esta ocasión los Kingsman restantes -Eggsy y Merlín- se ven obligados a pedir ayuda a los Statesman, que son los agentes secretos estacionados en EE.UU., y que cumplen la misma función de salvar al planeta cuando las fuerzas de orden más comunes no pueden involucrarse. Allí conocen a Tequila (Channing Tatum) y Whiskey (Pedro Pascal), los dos agentes más habilidosos del servicio, liderados por Champ (Jeff Bridges) y guiados tácticamente por Ginger (Halle Berry). No está demás agregar que tanto Taron Edgerton como Mark Strong siguen sobrios en sus respectivos papeles; el primero, afianzándose como todo un galán en potencia y, el segundo, sencillamente robándose escenas casi sin esfuerzo. El puesto de villano esta vez le toca a Julianne Moore como Poppy, una narcotraficante que tiene su base de operaciones en algún lugar selvático, donde se construyó una fortaleza inspirada en la cultura pop de los ochenta.

Moore está fantástica en su papel, aunque su rol de villana tipo Lex Luthor no convence en ningún aspecto esencial del tipo de personaje. Es encantadora, pero no intimidante, quedándose simplemente como una criminal más con delirios de grandeza. Lo que ayuda menos a su personaje son sus intenciones, que se reducen a lo mismo ya visto en la película anterior con el personaje de Valentine, cambiando solo detalles que no sorprenden por la misma razón: repetición sin sustancia. Sin embargo, hay elementos de su presencia que son indudablemente geniales, como tres robots (dos perros asesinos y una asistente con un estupendo diseño retrofuturista) y el hecho de que tiene secuestrado al verdadero Elton John, obligándolo a tocar sus éxitos para ella sola a cualquier hora del día. Su brazo derecho es un excandidato a Kingsman con un brazo biónico, lo que es un paso atrás de la fascinante Sofia Boutella con piernas de espadas y belleza mortalmente seductora.

Si la trama de dominación global es soporífera, la forma en la que decidieron resucitar a Harry Hart es todavía más absurdo, y es ahí donde Vaughn se pasa de la raya en su propio universo. La primera película divertía con gadgets tecnológicamente avanzados, pero evocando un diseño clásico que le daban un punto a favor, mientras que en esta segunda parte se van por completo a la ciencia ficción más inverosímil, anulando el peso del riesgo en cualquier escena de acción, por más bien filmadas y montadas que estén. A través de un gel reparador especialmente diseñado para reconstruir materia gris cuando los agentes reciben disparos en la cabeza, Hart recupera la vida, aunque padece uno de los efectos secundarios: amnesia y regresión a la juventud. Toda esta subtrama funde por completo el brillante comentario de Valentine en la primera película, que se reía de los planes enrevesados de los clásicos films de espías, momentos antes de meterle una bala en la cabeza a Harry.

Lo que quedan son algunas secuencias de acción ingeniosas, la mayoría de ellas con el personaje de Pedro Pascal, que es demasiado carismático y tiene mucha personalidad como para ser simplemente un secundario más. Además, Whiskey es sencillamente cool, usando un lazo que es capaz de convertirse en una especie de light saber flexible con el cual puede llegar a partir cuerpos en dos. También la subtrama de la relación entre Eggsy y la Princesa Tilde es sencillamente genial porque transformaron a su personaje de un mero chiste sexual a algo profundo que le da más dimensión extra a Eggsy. Al final, Kingsman: The Golden Circle es más de lo mismo, con una constante pelea entre sus defectos y sus mejores ingredientes, lo que termina mermando la diversión a la mitad en su innecesaria duración de dos horas y veinte minutos.

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Acerca de Emmanuel Báez 2334 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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