‘Dunkirk’, la desesperación y la soledad de la guerra

Las películas ambientadas en épocas de guerra suelen ser bastante lineales hasta en sus ejemplos más memorables. Hacía falta alguien como Christopher Nolan para tener una visión diferente de algo que podría haber sido predecible en manos de algún otro realizador, si bien sus fetiches como director pueden llegar a ser irritantes para un espectador que simplemente no comulgue con su estilo. Dunkirk no es una obra maestra, pero sí es una apreciación única de un suceso que podría haber caído simplemente bien bajo una visión sentimental y de fórmula, pero que bajo sus mañas es una película visualmente abrumadora que es toda una experiencia pensada hasta el más mínimo detalle para ser disfrutada en la pantalla más grande posible.

La evacuación de Dunkirk es considerada como uno de los milagros más grandes de la Segunda Guerra Mundial. Unos 300.000 soldados británicos y franceses quedaron atrapados en la comuna luego de la derrota de Francia por parte del ejército alemán. Arrinconados en las playas, esperaron una salida sin encontrar más que la ausencia de barcos destructores y cazas, sobreviviendo al hambre y la sed, además de los regulares ataques aéreos que iban debilitando sus números y mermando sus fuerzas. El acercamiento de Nolan a este suceso no es uno visceral y sangriento, como nos tiene acostumbrado el Hollywood más comercial, sino uno casi de documental, representando el lado más realista de la guerra sin caer en sentimentalismos ni parafernalias innecesarias.

No podemos hablar mucho de personajes ya que el protagonista de la película es mayormente el ojo de Nolan, que presenta planos colosales de los escenarios de guerra que apenas se encuentran en otros títulos del mismo género. Con la fotografía de Hoyte Van Hoytema, con quien ya colaboró en Interstellar, la película gana lo que no intenta con sus personajes. La desesperación de la guerra, el miedo, las peores fobias imaginables en esas situaciones, desde el encierro hasta la asfixia, llegan a ser palpables y agobiantes. La estructura del guion, firmado por el propio director, es uno de los principales factores que ayudan a que la obra destaque por su ambición y su lealtad a su propia naturaleza.

Nolan no solamente visita la historia desde tres puntos de vista diferentes, sino que lo hace en tres cronologías distintas. Las tropas atrapadas en la playa, siguiendo con su cámara a Tommy (Fionn Whitehead), un soldado inglés que apenas logra escapar de un ataque alemán en las calles del pueblo, llegando hasta la costa donde se encuentran sus camaradas. La historia allí transcurre a lo largo de una semana, y el ojo de Nolan sigue a Tommy y otros soldados mientras buscan la forma de mantenerse con vida aguardando alguna respuesta por parte de las fuerzas británicas. Es un escenario desolador donde la desesperanza va cobrando vidas, aunque las tropas se mantienen en pie todo el tiempo, estoicos porque no les queda remedio.

El segundo punto de vista es el del Sr. Dawson (Mark Rylance), un veterano civil que pone en marcha su propio barco con ayuda de su hijo y otro joven, como parte de un programa secreto de la Armada Británica de usar barcos mercantes y otros similares para la evacuación. La historia allí transcurre a lo largo de un día, tiempo que les toma navegar desde las costas de Inglaterra hasta la playa francesa. Es una imagen no solo de esperanza sino de determinación en hacer lo correcto ante cualquier eventualidad, y la interpretación de Rylance es sobria y decidida. En el trayecto rescatan a un soldado náufrago interpretado por Cillian Murphy, quien no logra espabilarse ante los horrores vividos.

Finalmente, Nolan coloca la cámara en el aire, siguiendo a los pilotos de dos cazas tipo Spitfire mientras pelean contra Stukas alemanes. Farrier (Tom Hardy) y Collins (Jack Lowden) permanecen con la cara cubierta mientras se desempeñan de manera firme, cumpliendo con el deber casi mecánicamente y con la mirada siempre fija en el objetivo. Muy alejado de las típicas batallas de cazas vistas en decenas de otras películas, aquí el realismo impera por sobre cualquier efectismo, aunque igualmente se logra un impacto innegable con una edición de sonido alucinante que, acompañando a los formidables planos aéreos, sumerge al espectador en una experiencia inmersiva como pocas. Algunos dirán que mucho ayuda la banda sonora de Hans Zimmer, que no otorga descanso alguno durante todo el film. Su estilo es ingenioso y muy creativo, pero la película no necesita de tanto acompañamiento porque ya es bastante especial con las imágenes y el trabajo de sonido.

Nolan, que es todo un amante de la experiencia cinematográfica en su sentido más clásico, realmente armó una obra que golpea todos los sentidos. Tal vez decaiga un poco porque su historia realmente está carente de rostros con los cuales uno pueda identificarse, pero creo que su intención era simplemente rendir homenaje a un suceso “milagroso” sin enfocarse en el cliché del género. No le pone cara al “enemigo” y apenas puede decirse que le da sustancia a sus héroes, lo que creo que realza esa sensación de soledad que todos y cada uno están sufriendo a pesar de encontrarse entre miles de compañeros. Todo su poderío se concentra en entregar algunas de las secuencias más sobrecogedoras del cine de los últimos años, aspiración que alcanza con una victoria apabullante.

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Acerca de Emmanuel Báez 2334 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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