‘Coco’, el valor de la familia con tradición mexicana

Coco no es solamente la mejor película animada del año, es una de las mejores películas del año. Es una absoluta maravilla que destila brío y pasión que se pueden sentir de inicio a fin, y que cala profundo con cada tema que toca. La historia sigue a Miguel, un chico mexicano que vive en una familia de valores tradicionales pero de gustos algo peculiares ya que la música no está permitida en la casa. Todo esto debido a que el tatarabuelo de Miguel era un guitarrista que abandonó a su familia para perseguir su sueño de hacerse famoso. Con el paso de los años, la tatarabuela de Miguel impuso una estricta regla de prohibición musical, lo que continuó hasta su generación. Sin embargo, este chico no quiere ser un zapatero como el resto de sus parientes, él quiere responder a sus anhelos más profundos y convertirse en un cantante, como su ídolo, el gran Ernesto de la Cruz.

Si bien en la superficie Pixar acude a los acostumbrados tópicos de la búsqueda de los sueños y el amor familiar, el camino es profundamente enriquecedor porque explora cuestiones muy delicadas como el desarraigo, la decepción parental, y la falta de apoyo en el contexto de una familia que durante varias generaciones ha estado criando en base a una ignorancia que empieza a ser emocionalmente dañina, cuando el espíritu de un joven se ve asediado por las mismas personas que deberían estar apoyándolo en todo. La familiaridad de la premisa se ve ensalzada por el acercamiento de los directores Lee Unkrich y Adrián Molina, que demuestran un profundo respeto por una de las tradiciones más importantes de México, el del Día de Muertos. El tema ya fue motivo de la divertida película El Libro de la Vida, de Jorge Gutiérrez, pero como Pixar nos tiene acostumbrados, su enfoque es uno mucho más trascendente, apuntando más allá de la diversión.

Empezando por algo tan sencillo que pasa desapercibido para muchos, como es la increíble atención al detalle que seguramente los mexicanos experimentaron con mayor entusiasmo, desde el diseño de vestuario hasta las escenografías que casi se pueden palpar y que, en numerosas escenas, son tan fotorealistas que bien podrían ser de verdad. Cuando empezaron a promocionar The Good Dinosaur hace un par de años, los de Pixar se aseguraron de enfatizar en el hecho de que iba a tratarse del proyecto más difícil en materia visual por el realismo de los escenarios, pero lo que consiguen con Coco es que uno prácticamente no pueda discernir correctamente a menos que un personaje esté en el plano. Eso tampoco se hace tan fácil porque Miguel, el héroe que recorre el mundo de los muertos para poder cumplir su sueño de encontrarse con su ídolo, es uno de los personajes más vivos que ha creado el estudio.

Miguel es un chico sensible, conectado hasta el núcleo con la música, y cuya vitalidad se ve exacerbada cuando habla del arte con un mariachi o cuando se esconde de su familia en un ático para ejecutar la guitarra mientras ve viejas películas de Ernesto de la Cruz. Una de las escenas más exuberantes en emoción artística es una serie de cortos planos donde vemos a Miguel tocar unos breves acordes con los ojos cerrados. La imagen cambia entre sus dedos y su rostro cuyos contornos van dibujando un amor que va mucho más allá de lo humano y lo eleva a un estado en que toda censura familiar es ridícula y merece ser derribada, lo que hace que el viaje que toma para conseguir su objetivo sea todavía más inspirador. Esta es una de esas películas que realmente motivan a uno a sonreírle a un extraño y a sentarse en casa a trabajar en esa meta que también queremos cumplir, emoción que perdura con el pasar de los días porque la sensación llega desde un lugar de profundo cariño.

Su odisea en el Mundo de los Muertos se aligera con la compañía de Héctor, que busca una manera de pasar el mágico puente hecho de pétalos de cempasúchil hacia el mundo de los vivos, algo que no ha podido lograr porque nadie en la Tierra puso su foto como parte de una ofrenda, requisito inviolable para que los muertos puedan visitar a los vivos cada año. Héctor se presenta como un artista del engaño, disfrazándose como Frida Kahlo y asegurando a Miguel que conoce en persona al famoso De La Cruz, aunque en el camino demostrará que esa no es más que una fachada para una historia bastante desgarradora con la que la película vuelve al tema de la familia. Sin embargo, la naturaleza de la historia hace que los temas sean más que profundos que simples clichés. El guion de Molina y Matthew Aldrich explora las consecuencias de no enfrentar los conflictos personales en vida y argumenta que estos permanecen con uno hasta después de la muerte, algo que resuena todavía más teniendo en cuenta la decisión de Miguel de darle la espalda a su familia por no poder contar con ellos.

Uno pensaría que ya está acostumbrado a los golpes emocionales del estudio, pero aun así es imposible evitar dejarse tocar la fibra sensible cuando finalmente la trama rompe todas las barreras y cierra todos sus puntos en algunas de las más emotivas escenas que el cine vio en mucho tiempo. Junto a la banda sonora de Michael Giacchino cargada de guitarras y trompetas que evocan al máximo el estilo mariachi -además de un doblaje estupendo que es más que apropiado por la locación de la historia-, Coco es un viaje reflexivo que no es solamente un espectáculo visual fascinante sino también un relato penetrante que tiene algo que decir a grandes y chicos. Usualmente estas historias poseen moralejas para que los padres puedan sentarse con los chicos y adolescentes a hablar acerca de la madurez y el proceso natural de aprendizaje de la vida, pero esta vez también comenta algo relevante acerca del difícil caso de los adultos que traen consigo enseñanzas erradas desde la infancia, y que también deben enfrentar para evitar que las siguientes generaciones sufran por ello. Por sobre todas las cosas, es sumamente entretenida y con una alegría musical que permanece latente.

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Acerca de Emmanuel Báez 2409 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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