‘Brad’s Status’, la búsqueda nunca termina

Después de años de interpretar a personajes histéricos e insoportables, Ben Stiller está encontrando la forma apropiada de encapsular toda su incomodidad a través de personajes que no se alejan mucho del tipo de roles que solía tomar, pero que están inyectados con una humanidad más creíble y tridimensional. Brad’s Status (que por acá tiene el título Un Papá Singular) lo aprovecha de una forma realista a través del ojo y la firma de Mike White en su segundo trabajo como director. Previamente dirigió a Molly Shannon en Year of the Dog, aunque como guionista tiene créditos en la fantástica School of Rock y The Good Girl. Es un realizador interesado en relatos profundamente humanos alejados del cliché y las resoluciones forzadas que no respondan a la naturaleza de los protagonistas que sigue.

Stiller interpreta a Brad Sloan, un padre de familia que dirige una organización sin fines de lucro que funciona ayudando a organizaciones no gubernamentales a cumplir con sus objetivos a través del uso de las redes sociales. Claramente es un hombre actualizado, aunque haberse sumido de lleno en su trabajo provoca que las sorpresas que van apareciendo en su camino sean particularmente punzantes. Sin embargo, cuando lo conocemos, su vida ya está dando algunos tumbos, pues su mente divaga con preocupaciones adultas y familiares que tienen una raíz existencial que va deformando su visión de la realidad. La intranquilidad que lo aqueja va creciendo a medida que pasa el viaje con su hijo Troy (Austin Abrams), a quien acompaña para conocer algunas universidades a las cuales podría aplicar. Brad se entera de que el consejero de su hijo ya había dicho que tendría una buena oportunidad de Harvard, algo que su madre ya sabía. Va descubriendo así que la vida se le estaba escapando de a poco de las manos porque su mente viajaba a otros lados.

Sin embargo, lo que más aqueja a Brad a sus 47 años es la posibilidad de no haber logrado nada sustancial en su vida. Su mente deambula pensando en los logros de sus excompañeros de universidad, que parecen haber conseguido mucho más que él en todos los años que estuvieron separados. Billy Wearslter (Jemaine Clement) es un genio de la tecnología y vendió su compañía a los 40 años para retirarse a Hawái a disfrutar de la playa; Nick Pascale (el propio White) es un renombrado arquitecto que acaba de casarse con su novio de hace años; Jason Hatfield (Luke Wilson) tiene su propio fondo de cobertura y se baña en dinero. Pero es Craig Fisher (Michael Sheen) el que tiene el éxito que más le provoca rencor y celos a Brad, ya que parece haber sido el más cercano a él en las épocas de estudio. Fisher es un afamado escritor y asesor político que trabaja en la Casa Blanca, y sus logros hincan en el ego de Brad porque su rostro aparece en todos lados.

Eso provoca que se pregunte constantemente acerca de sus propios logros, que desde su punto de vista parecen minúsculos en comparación. White recurre al monólogo para resaltar las inquietudes e inseguridades de Brad, y es probablemente uno de los mejores usos de ese recurso en mucho tiempo. No hay descripciones innecesarias sino una legítima invitación a la psique del protagonista, que se comporta de una manera sumamente verosímil. Un segundo está debatiendo consigo mismo acerca de sus conflictos paternales y después de unos minutos regresa mentalmente a sus años de juventud, para estancarse luego en la rutina mental que parece haberle quitado la magia. Stiller encauza su típica energía irritante -que suele funcionar en las comedias absurdas- en algo más íntimo y personal, convirtiendo este trabajo en una de las mejores interpretaciones de su carrera.

Por otro lado, la relación con su hijo es igual de efectiva porque White no adorna con clichés de drama ni cae en melodrama a la hora de retratar la dinámica entre el padre y el hijo. Abrams es genuino en su caracterización de un joven que tiene una forma de comportarse frente a su padre y cuya visión del futuro está formada desde una burbuja de seguridad que está a punto de explotar, obligándolo a enfrentar una vida que le hace responder los típicos arrebatos adultos con una mezcla de indiferencia y sincera ignorancia del destino. A pesar de eso, siento un profundo amor por su padre, algo que como la mayoría de los adolescentes y jóvenes, solamente expresa de forma escueta y con poco sentimentalismo. Si el guion tiene un pecado que podría haberse evitado es en el rol de la esposa de Brad, interpretado por la agradable Jenna Fischer, que es descrita simplemente como una mamá despreocupada y conformista, aunque igualmente se introduce a Ananya (Shazi Raja), una joven estudiante que luego tiene una interesante discusión con Brad y le hace ver la falencia en sus preocupaciones.

Brad’s Status es una especie de estudio de un determinado tipo de personaje, edad, y conflicto, que refiere a una crisis inevitable que creo que la mayoría de las personas enfrentan, al menos aquellas realmente interesadas en conocerse a sí mismas y no dejarse llevar por la corriente. White resalta en la importancia de la búsqueda constante como parte natural del proceso de madurar, y cómo es también parte de este proceso el cambio de perspectiva, que mucho tiene que ver con el autoestima y el ego. Todo esto a través de una óptica conmovedora pero no edulcorada, sin conclusión, pero con una necesaria inyección de esperanza para recordarnos que a veces la belleza está siempre más cerca de lo que creemos.

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Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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