‘Baby Driver’, una verdadera joya de acción musical

Cuando hablan de Edgar Wright, por lo general, hablan sobre la trilogía Cornetto. Por mi parte, suelo resaltar a Scott Pilgrim vs the World porque me parece una de las películas más “cool” de la última década, y uso específicamente la palabra “cool” porque creo que “genial” no transmite exactamente la energía de la película. Baby Driver, su nuevo trabajo, es la epítome de lo cool, un torbellino emocionante que destila técnica y estilo en cada plano, convirtiéndose en una de esas películas que merecen múltiples visionados por la cantidad de detalles que uno puede llegar a descubrir en cada oportunidad. Mezclando un encanto de clásico Hollywood con un vigor contemporáneo, creo que tenemos una de las películas de acción más entretenidas de la última década.

Ese logro, por supuesto, se debe a la osadía de aprovecharse de las convenciones del género y retorcerlas contando una historia que se desarrolla mayormente al ritmo de una selección musical inspiradora y contagiosa que apenas da respiro y cuando lo hace, sigue acompañando agradablemente en segundo plano, pero siempre con una relevancia como la que le da una persona ansiosa de aventura que se pasa el día escuchando sus canciones favoritas en su dispositivo, soñando con una vida más apasionante. Hay películas de acción con un buen soundtrack, y luego está Baby Driver, que hace que la música y la trama se entrelacen, declarando que no existe emoción alguna en la vida a menos que una buena pista marque los momentos más memorables.

La trama en sí es bastante sencilla. Es una clásica historia de un chico que conoce a una chica, pero la relación no puede funcionar porque él trabaja para un empresario criminal que se dedica a organizar asaltos a bancos con precisión matemática, usando peones intercambiables que hacen el trabajo sucio, mientras el chico se encarga de los escapes, ya que su habilidad con los automóviles es apoteósica. Su nombre es Baby, y se pasa todo el tiempo escuchando música y haciendo remixes con grabaciones que toma con una vieja grabadora personal. Su conexión con la música se da, en un principio, porque es una forma de ahogar un pitido que tiene desde chico, tras haber sufrido un accidente. Sin embargo, esa conexión es mucho más profunda, ya que la música forma parte de cada aspecto de su vida.

Cuando está en su departamento, cuidando de su padrastro lisiado y anciano, o cuando está recorriendo las calles llevando café, siente como el día fluye al ritmo de una canción a cada paso que da, a cada puerta que abre, y cada vez que gira en una esquina. Normalmente, en cualquier otra película, habría una canción de fondo y uno no pensaría demasiado en la misma, a menos que quede encantado con la pista y luego vaya a casa a buscarla y escucharla, reproduciéndola hasta el cansancio casi sin pensarlo. Lo que Wright hace con la película es homenajear esos momentos aparentemente comunes que viven los melómanos soñadores, elevando cada situación más allá de su propia existencia, y así también lo hace con la acción, porque encima de todo, es una película con algunas escenas de acción más que entretenidas que también se desarrollan al ritmo de un soundtrack palpitante.

Es cierto que dicho soundtrack es mucho más que un complemento, hasta el punto en que la historia en sí no es de lo más interesante, excepto que la sensibilidad clásica de Wright hace que todo se sienta más acertado. Si le despojamos a la película de su fina selección musical, le estaríamos destripando completamente, dejando un esqueleto apenas interesante porque es un clásico film de asaltos con un infaltable condimento romántico que sirve como motor para el clásico héroe, algo visto más de mil veces en títulos que pasaron a la historia. Sin embargo, es justamente la intención de Wright firmar una obra que funcione por su fascinante unión de elementos, que forman una sinergia demasiado particular como para ignorarla.

Por supuesto, eso no no quiere decir que no hay más para resaltar. Tanto Ansel Egort como Baby y Lily James como Debora parecen haber salido directamente de una sesión de fotos de los años cincuenta, tanto por cómo visten y por cómo se desenvuelven, y son perfectos para sus respectivos papeles. Kevin Spacey se roba las escenas en las que sale, casi sin quererlo, inclusive sin ofrecer ninguna información sustancial sobre su personaje, excepto que de repente se deja entrever más sentimental de lo que aparenta, tal vez inclinando la balanza hacia lo cliché. Jamie Foxx interpreta a un matón tipo gangster llamado Bats, y parece que lo disfruta bastante cada segundo, y luego están Jon Hamm y Eiza González como Buddy y Darling, una pareja de asaltantes que siempre participan juntos, exudando sensualidad y mucho brío.

Pero lo que más vende a la película son sus secuencias de acción, que no son tantas pero divierten sobremanera. No es el típico videoclip donde cada acción va sincronizada con la canción, sino que va más allá de eso, en una sincronización alucinante que hace que uno salte en su asiento de la emoción. Al mismo tiempo, es algo tan único que realmente no funcionaría una segunda vez, haciendo que la película sea una obra excepcional que realmente no creo que vuelva a repetirse. Las persecución son igualmente geniales, y Wright imprime suficiente adrenalina y creatividad como para que no sean repetitivas ni cansinas, además de que son sencillamente ingeniosas y con el imparable playlist de fondo, solo consiguen ensalzar la trama que avanza con ímpetu en cada delirante canción.

Es una bocanada de aire fresco que exista en pleno 2017 una película como esta. Mientras la pantalla grande es ultrajada por robots gigantes que explotan sin ningún tipo de coherencia narrativa, acá tenemos un director que le dedicó una atención minuciosa a cada segundo de su película, con una obvia preocupación de aburrir lo menos posible, algo que creo que no sucede a menos que uno no conecte para nada con la historia, de la misma manera en la que Baby se siente conectado a la vida a través de cada canción que escucha. Baby Driver es divertida, emotiva, y una verdadera joya que reluce centelleante entre tantas películas que se olvidan apenas empiezan los créditos finales.

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Acerca de Emmanuel Báez 2334 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

8 Comentarios

  1. Para una inicio atrayente un desarrollo atrapante tuvo un final demasiado confeccionado entre aspirada y aspirada de cannabis, no entiendo porque abusar tanto que llegue a parecer delirios de un niño de 3 años, para mi el final mato a una pelicula que pudo ser de lo mejor…

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