‘Atómica’, Charlize Theron deslumbra en una película explosivamente entretenida

En Atómica, Charlize Theron interpreta a Lorraine Broughton, una agente espía del MI6 que es enviada a Alemania del Este para recuperar una lista que contiene las identidades de numerosos agentes encubiertos, no solamente de su propia agencia sino también de la CIA y otras instituciones. Su publicación podría causar un escándalo político internacional, por lo que es imperativo que ella consiga el archivo antes de que sea demasiado tarde. Esta premisa es similar a un montón de películas del género que se han visto en las últimas décadas, y en esencia es predecible y bien lineal. Su fortaleza está en otro lado, y es la sinergia entre el director David Leitch y Theron, que sigue explorando los límites de sus habilidades físicas con el coraje que solamente demuestra una artista destinada a la grandeza.

Pero eso es algo que ya sabíamos. Theron ganó el Oscar interpretando a una asesina serial en Monster, y el género de acción es algo que ya había encarado anteriormente, si bien con resultados menos memorables. Desde Aeon Flux, parece que viene preparándose para un rol que la ayude a expandir su versatilidad nata, y cuando finalmente le tocó colaborar con George Miller en Mad Max: Fury Road, confirmó de lo que era capaz. Leitch también logra sacar lo mejor de ella, y aunque lo hace con una película cuyo guion no es su mejor aspecto, es un completo deleite presenciar un despliegue tan asombroso de agallas. No es por desmeritar la extensa y loable lista de heroínas de acción, pero la energía de Theron en Atómica es sencillamente alucinante.

La película está ambientada en los días previos a la caída del Muro de Berlín, y la tensión internacional está latente. Cualquier problema de índole política que tenga relación con los países más cercanos podría desatar otra serie de inconvenientes internacionales, por lo que la misión necesita a uno de sus agentes más experimentados. Ahí entra Broughton, que tiene la simple tarea de ingresar al país, contactar con un agente encubierto, extraer el cuerpo de un agente del MI6 asesinado días atrás -y con quien Broughton al parecer tuvo una relación amorosa-, y recuperar la lista que se encuentra en el interior de un reloj de pulsera. Lo que parece ser fácil se torna complicado a su arribo, ya que es emboscada por dos espías alemanes que intentan eliminarla, sin mucho éxito.

Leitch, que irrumpió en la escena como experto en coreografías y doble de riesgo en películas como The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions (donde comenzó su colaboración con Chad Stahelski, con quien eventualmente dirigiría John Wick), aprovecha al máximo la fuerza de Theron en espectaculares planos secuencia (varios de los cuales no son orgánicos, aunque eso no le quita el impacto), lo que eleva la película más allá de una simple propuesta de espías con escenas de acción como excusa para tratar de darle ritmo a la trama. Con Charlize, el resultado es otro, es mucho más que una película de espías, es completamente de ella. En algunos momentos las coreografías se sienten algo mecánicas -lo que también pasó con las dos secuelas de Matrix-, pero son solo momentos en el que se pierde un poco la autenticidad. Una vez que hay arranque, es difícil despegar la vista porque uno queda anonadado ante tanto brío. Es lo que hizo que John Wick funcionara tan bien, y es lo que hace de Atómica una película que resalta de entre el montón.

Como película de espías, no sobresale demasiado, especialmente porque el guion de Kurt Johnstad se vuelve predecible desde cierto punto. Su mayor atractivo está en algunos giros y su obvio homenaje/respuesta a las convenciones del género, cuyo mayor representante es James Bond y todas sus películas. El personaje de Broughton, a través de la interpretación serena y determinada de Theron, demuestra que se trata de un mundo donde la mujer también puede liderar, y lo mejor de todo es que no parece haber ningún mensaje feminista adrede, sino que este se revela sutilmente a través del actuar de ella. Inclusive hay un romance casual que tiene con Delphine, una agente espía francesa interpretada por Sofia Boutella, que es toda una fuerza de la naturaleza casi sin intentarlo. La relación se lleva a cabo al mejor estilo Bond, sin explicaciones innecesarias, sin armar jamás ningún barullo porque se trata de dos mujeres, y la resolución de la relación es también típica de Bond, con alguno que otro efecto indeseado en la misión. Broughton hasta tiene una bebida preferida, “vodka en las rocas”.

Leitch sabe que el fuerte de la película no es el guion, así que aparte de empujar a Theron al máximo con las secuencias de acción, inyecta a su obra de una selección musical estupendamente enérgica, a veces invasiva, pero siempre contagiosa, en el que resaltan 99 Luftballons de Nena y Blue Monday de New Order, entre otras pistas que ayudan a establecer la atmósfera y le dan más sustancia al background cultural que tiene mucha relación con el desarrollo de la trama. Constantemente están mencionando lo arriesgado de la misión, y cómo la tensión política hace que sea más complicado todo, lo que le agrega una sensación de peligro inminente que insufla adrenalina y algo de desesperación a la trama. Esta fórmula consigue que cada secuencia de pelea cuerpo a cuerpo entre Theron y cualquier matón sea mucho más intensa de lo que sería bajo una dirección más tradicional.

La intervención de James McAvoy tiene una evidente influencia en la energía de la película, interpretando al agente David Percival, que ya lleva en Alemania del Este demasiado tiempo como para que la línea entre la confianza y la lealtad se haya difuminado. McAvoy, un actor camaleónico como pocos, hace que entre ambos haya una fuerza única que provoca una incertidumbre constante, dejando a uno en velo sobre quién es realmente él, o cuál es su verdadera motivación, algo que también ocurre con la propia Broughton, porque su forma de actuar también roza lo intrigante y poco o nada sabemos de ella, excepto que tuvo un amorío con un agente caído. Este pedacito de información que se da al principio mismo de la película es el mayor vistazo que tenemos a su interior, y esto ayuda a darle un aura de misterio a su personaje.

El elenco se completa con John Goodman como el agente de la CIA Emmett Kurzfeld, además de Toby Jones como el agente del MI6 Eric Gray, y Eddie Marsan como Spyglass, un agente con memoria fotográfica que tiene en su cabeza la lista completa de agentes encubiertos, y se encuentra escondido en algún lugar de Alemania Occidental. También interviene Roland Møller como Aleksander Bremovych, un villano ruso cuya presencia es casi anecdótica y sólo sirve para provocar alguna que otra distracción en la trama, lo que se hace evidente desde la mitad, cuando el guion se cae un poco porque el desenlace se revela antes de tiempo. Sin embargo, solo les toma unos minutos enganchar a uno y Charlize Theron es la razón principal, dibujando un personaje que fácilmente podría alcanzar un status icónico si es que pudiéramos quedarnos con ella durante más historias.

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Total: 5 Promedio: 4.6
Acerca de Emmanuel Báez 2315 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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