‘Asesinato en el Expreso de Oriente’, un misterio que entretiene sin profundizar

Para poder disfrutar Asesinato en el Expreso de Oriente es absolutamente necesario suspender la incredulidad y dejarse llevar por la narrativa clásica de película de misterio que dependía mucho de la elegancia de la puesta en escena y sus actores para enmascarar lo que podría llegar a ser una historia que no sobreviviría a mucho escrutinio. El director Kenneth Branagh encara la novela de Agatha Christie de esta forma, tomando el guion firmado por Michael Green y encuadrando todo con una encomiable sobriedad. La película es hermosa y, aunque uno ingresa a ella esperando quedar anonadado por el desarrollo de una de las historias de misterio más famosas de la literatura, termina embelesado por la fotografía de Haris Zambarloukos y la dinámica de un elenco ecléctico. Por sobre todas las cosas, es imposible no colgarse de la grandiosidad del bigote de Hercule Poirot, que podría haber tenido su propio lugar en los créditos de la película.

La misma sigue al famoso personaje de Christie que protagoniza varias de sus novelas. Un detective especialista en resolver los casos más complejos sin que se le muevan de más los pelos debajo de la nariz, lo que demuestra el grado de perfeccionismo con el cual se desenvuelve, no solamente en sus casos, sino en el día tras día. Poirot es un hombre que cree en absolutos, en el bien y el mal como dos polos opuestos únicos donde no existen capas de grises que puedan hacerlo vacilar y reflexionar de más sobre la naturaleza humana. A simple vista podríamos decir que no parece ser el mejor atributo de un detective, pero esta visión le ayuda a resolver los casos siguiendo la lógica y la razón, y es justamente como empieza la película, con él llegando al fondo del robo de un artefacto preciado en el que los sospechosos son tres sacerdotes de diferentes religiones. Por regla de descarte y lógica llega a la conclusión de que el culpable es el oficial de policía encargado del caso. En ningún momento se detiene a arreglarse el peinado ni el bigote.

Branagh empieza con un poco de humor antes de pasar al misterio que llega a Poirot por cosas del destino, ya que su plan original no era tomar ese tren sino dirigirse a algún otro lugar a tomar un tan anhelado descanso (así marcando uno de los grandes problemas del guion). Como un buen clásico de Christie -que también firma novelas como Los Diez Negritos, de naturaleza muy similar-, la trama va complicándose agregando elementos a medida que avanza, haciendo todo lo posible porque el espectador no reciba más información de la que es necesaria para no permitirle que esté dos pasos adelante de su tan afamado detective. Sin embargo, con una estructura clásica, no es demasiado complicado desenmarañar el asunto antes de tiempo si uno se olvida de dejarse llevar y busca adentrarse en el núcleo de la historia que se va formando en el fondo.

Aun así, es un placentero viaje por el simple hecho de que ya no se hacen películas así. Una vez que ocurre el asesinato a bordo del Expreso de Oriente, Poirot empieza a entrevistar a cada uno de los doce sospechosos del vagón. Ellos son El Profesor (Willem Dafoe), la Institutriz (Daisy Ridley), el Asistente (Josh Gad), el Mayordomo (Derek Jacobi), la Misionera (Penélope Cruz), la Viuda (Michelle Pfeiffer), el Conde (Sergei Polunin), el Vendedor (Manuel Garcia-Rulfo), la Sirvienta (Olivia Colman), y la Princesa (Judi Dench), además de encargado del vagón (Ziad Abaza) y el dueño del tren (Tom Bateman). Todos estos personajes tienen nombre y apellido, pero es más divertido identificarlos por sus actividades ya que son unidimensionales y la película solamente los presenta en ese contexto, sin profundizar jamás en ninguno de ellos, tal vez por miedo a que el espectador llegue al fondo antes que Poirot, o porque sería sencillamente imposible entrar en detalles sustanciales en una película de dos horas. Johnny Depp como el Estafador entrega su interpretación más contenida y acertada. Inclusive sin enfocarse en ningún personaje en particular, la trama discrimina a varios para poder avanzar con un ritmo digerible.

Poirot es el único protagonista sobre quien aprendemos más a medida que avanza la historia. Habla acerca de una mujer que alguna vez tuvo su corazón, y conversa con su fotografía acerca del caso que se le presentó. Da a entender que hay algo en su corazón más que crímenes resueltos y casos complicados que determinaron su carrera y su visión de la vida, lo que lo ablanda para poder adentrarse en esta inesperada misión que requerirá una evolución en su acercamiento. Branagh, el actor, hace que sea más llevadera la trama. Es peculiar, interesante y, gracias a su sinuoso mostacho gris y su mirada aguda después de cada descubrimiento, es un deleite verlo progresar hacia el clímax. Branagh, el director, mueve la cámara con astucia y moderación en espacios pequeños, siempre variando lo suficiente en su dirección como para que las revelaciones diviertan, si bien no llega a ser tan sorprendente como pretende. Para variar, su guion se hubiese beneficiado de un giro moderno, o algunos retoques que no dejaran a la vista algunas inconsistencias que llegan a ser absurdas (como el problemático hecho de que la presencia de Poirot en el tren es enteramente accidental). Es por eso que hay más deleite en dejarse arrastrar por el desarrollo sin preocuparse sobremanera en el cómo de las cosas.

¿Qué les pareció la película? Dejen su calificación y comenten!
Total: 4 Promedio: 3.8
Acerca de Emmanuel Báez 2364 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D