‘Bad Milo!’, el pequeño y adorable demonio interior

Lo primero que pensé al terminar de ver Bad Milo! fue que sería una genial segunda película en un double feature, precedida por alguna de las versiones de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y no se trata de realizar ninguna comparación, sino disfrutar de lo diverso que puede llegar a ser el cine, independientemente de que guste o no una obra. La temática de la dualidad del hombre siempre fue una de las más interesantes, y sigo siendo de los pocos que defiende al Hulk de Ang Lee por su fascinante análisis de la psique humana. Esa misma variedad me llevó a apreciar algo como Bad Milo!, que se ríe del tema desde su rincón de cine B sin pretensiones.

Es acerca de un hombre que descubre que su problema estomacal es causado por un pequeño monstruo viviendo en sus intestinos, el cual comienza a salir por el orificio anal en momentos de mayor estrés. No podría pensar en una película más disparatada acerca de las emociones reprimidas y el efecto negativo que tiene en el hombre, pero Milo es una de las más locas representaciones del demonio interno que necesita ser domado para encontrar la paz buscada.

Ken Marino interpreta a Duncan, y su vida está un poco lejos del orden que querría. Problemas en el trabajo, con su novia, y su madre que acaba de conseguirse un novio joven con el que no duda en demostrar afecto exagerado en una cena familiar, prueban ser demasiado para él. Entra Milo, una criatura que podría ser bien tierna si no fuera por una boca llena de colmillos afilados, convirtiéndose en la manifestación física de sus represiones, y cargando con una sed de sangre insaciable.

La primera aparición del demonio termina en el destripamiento del nuevo insoportable compañero de trabajo de Duncan, aunque el mismo no demuestra ninguna clase de agresividad de forma consciente. Así es como acude a un extravagante terapeuta interpretado por Peter Stormare, cuya carrera en el cine occidental está conformada mayormente por papeles secundarios bastante peculiares. Esta no es la excepción, aunque es su personaje el que le aclara la situación a Duncan y le presenta la solución: la única forma de arreglar el problema de Milo es domándolo, vinculándose con él, literalmente.

Lo mejor de la película obviamente viene cuando este aparece, incómodamente provocando el tipo de dolor del cual no se habla en reuniones sociales. Es un pequeño títere parecido a un feto con ojos negros grandes y cuyas expresiones llegan a ser limitadas, pero simpáticas. Para ser una comedia de horror, no hay mucha comedia ni tanto horror, y las salpicaduras de sangre digital le quitan un poco la emoción al hecho de estar esperando por cada aparición y posterior ataque sangriento, aunque solo basta una escena del pequeño diablo arrancándole el pene a una víctima como para que todo valga la pena.

Duncan intenta entonces lidiar con sus problemas de raíz, los cuales tienen que ver con su padre a quien no ve hace años y vive alejado del mundo urbano como un hippie que no está interesado en el pasado, sino en mantener su tranquilidad. Si se atreven a adivinar la razón de su distanciamiento, probablemente acierten a la primera, pero eso no le quita la gracia al asunto, y de repente todo se pone muy personal.

La película roza los ochenta minutos cuando en realidad podría haberse extendido más, con unas cubetas más de sangre y por lo menos una víctima más, pero ahí termina sin pretender profundizar en cuestiones psicológicas para no arriesgarse a perder el humor. Así, Bad Milo! merece su signo de exclamación, aunque podría haber incluido dos más, que la premisa misma ya invita a algo en demasía exagerado que no llega a concretarse. Es, igualmente, una buena adición al subgénero específico del pobre idiota que debe enfrentarse a un monstruo increíble para superar sus propios miedos. Escatológicamente simpática, y algo adorablemente terrorífica.

Acerca de Emmanuel Báez 2309 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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