‘Belle de jour’, la frivolidad y las pasiones ocultas de una dama de Buñuel

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Me gustan las películas que explican los sentimientos simples de los seres humanos de una manera compleja, casi tal cual las vivimos internamente. Muchas veces las personas son más intensas de lo que aparentan y su mundo interno, escondido herméticamente detrás de una mirada distraída y distante, es un remolino descontrolado de dudas, vicios, ambiciones, fantasías y situaciones que escapan de su control.

Ya por el año 1967, Luis Buñuel (uno de los cineastas más revolucionarios, representante del surrealismo) deslumbró en muchos sentidos con la película francesa de su autoría llamada “Belle de jour” (Bella de día). Este filme cuenta la historia de Severine, una hermosa mujer de la clase alta casada con un hombre que cumple con las expectativas que cualquier dama pudiera tener, es hermoso, adinerado y tiene un trato casi de adoración por su esposa. Sin embargo, ella está completamente impedida de tener relaciones sexuales con él, quien comprensivo y lleno de amor la espera con ansias hasta que llegue el momento en que ella pueda, por fin, decidir entregarse. Pero no es que Severine no quiera tener relaciones sexuales, sino que se dejará seducir de a poco por la fantasía que se nutre de sus secretas perversiones y entregará su cuerpo a los propósitos más bajos y denigrantes en los que hallará el espacio que poco a poco calme la sed de su interior por vivir la emoción de lo prohibido.

Este filme está lleno de tensión, lo podemos ver inclusive desde el manejo de la cámara que es rápido y agresivo, dándonos una constante sensación de expectativa, también reforzada por la clandestinidad que impera en la historia. Además la trama se respalda en actuaciones medidas, frívolas, como la de la espectacular Catherine Deneuve, quien interpreta magistralmente a Severine (es la misma actriz que interpretó muchos años después a Kathy en la película cuya crítica escribí unas semanas Bailarina en la Oscuridad, sólo para que imaginen su calidad dramática).

Escenas oníricas en las que los simbolismos desdibujan el campo de la realidad recrean los sentimientos de la protagonista, haciendo uso pleno de los elementos surrealistas, que a pesar de ser bastante medidos comparando otros trabajos del realizador, logran un efecto (por decirlo de algún modo) grotesco, que es de lo que se nutre básicamente el estilo del director, pero refinado a su vez, encuadrado dentro de la femineidad del personaje principal y su óptica. Hace que las tomas parezcan poesías visualizadas. Es así que entre la gélida insatisfacción de la protagonista, el calor de sus pasiones y perversiones, y la libertad que ella siente al concretar su fantasía, la curiosidad va ganándonos como espectadores y caminamos junto a ella la ruta que decide transitar hasta llegar al inesperado final.

Es que en verdad, la elaboración de personajes siempre es un desafío importante para todo realizador. Es un compendio de complejidades que se van entretejiendo hasta conseguir esa incomprensible caracterización que mientras más enredada es sí misma está, más similar es a las personas comunes, a nosotros mismos. Es entonces más fácil ver una película y a la vez verse a uno mismo como a través de un espejo. Belle de jour, “Bella de día” es quizás la mejor expresión del dualismo, la farsa de quienes somos en verdad cuando nadie nos reconoce, cuando por un momento podemos dejar de pensar, y ser, tan sólo ser, sin medir qué ni para qué.

Recuerden a un grande, y comprueben el por qué de su grandeza con esta película de culto cargada de drama, y por supuesto, del mejor surrealismo.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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