‘Buried’, Hitchcock hubiera estado celoso

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Paul Conroy (Ryan Reynolds), padre de familia y contratista civil en Irak, es secuestrado y despierta enterrado vivo en un viejo ataúd de madera, teniendo en su poder únicamente un teléfono móvil y un mechero. El teléfono es el único medio para tratar de escapar de su agónica pesadilla. La cobertura precaria y la escasa batería son sus mortales enemigos en una carrera a vida o muerte contra el tiempo: sólo dispone de 90 minutos para lograr su rescate antes de que se le agote el oxígeno…

Es difícil imaginar durante los primeros 10 minutos qué tanta acción puede haber en una película que se desarrolla completamente dentro de un ataúd con un solo actor en pantalla, pero al cabo de 95 minutos uno se da cuenta que la dirección por parte del director español apenas se repite, con un ritmo exquisito producto del genial montaje que también quedó a cargo de Cortés. Con ayuda de algunos efectos visuales que no son nada visibles, sino simplemente obvios, la cámara se encuentra en todo momento en el lugar correcto y cada tanto logra provocar un pico de tensión que se convierte en una claustrofóbica montaña rusa.

El director mencionaba orgulloso en una entrevista que la suya es la primera película que se desarrolla enteramente dentro de un espacio cerrado tan pequeño, como intentando buscarle el lado marketinero a un producto que no necesita ningún tipo de empuje para sobresaltar y convertirse en una de las mejores obras de suspenso de la última década. Difícilmente se le encuentra alguna falla al guión, más bien el único punto en contra que le niega el puntaje perfecto a este espectacular trabajo cinematográfico es la banda sonora, que si bien es independientemente poderosa, resulta intrusiva en escenas donde el silencio y la desesperación tangible de Ryan Reynolds transmiten con facilidad una tensión agobiante.

Del actor no se puede opinar suficiente, habiendo mostrado algunos registros dramáticos interesantes en películas como La Teoría del Caos Terror en Amityville, y siendo la comedia su más común elección, el riesgo que supone haber apostado por un trabajo tan único como Buried tiene sus loables frutos. Reynolds entiende que la película reposa sobre sus hombros y la lleva a cuestas con una admirable habilidad, generando una empatía que más tarde doblega y somete al espectador.

Y es que Buried es una de las películas más crueles y desesperanzadoras que vi en muchísimo tiempo. Sin importar si adivinaron o no el final (algo fácil ya que simplemente hay dos opciones básicas), el desenlace juega macabramente con las emociones del espectador a través de, una vez más, un grandioso clímax interpretativo por parte de un Reynolds que indudablemente se ha ganado una atención meritoria. Con la aparición de los créditos finales suena una música que contrasta eficazmente con la conclusión, obligando al espectador a alimentarse de una energía alegre tras unos angustiosos 95 minutos de realismo, que además realiza una efectiva crítica política y social.

Una fotografía por momentos psicodélica, construida ingeniosamente mediante los elementos que interceden en el desarrollo del guión, proporciona también un aspecto atractivo de la producción que funciona como pilar para que la película nunca decaiga a lo monótono.

Y me uno a la oleada de reseñas que se atreven a mencionar a Hitchcock diciendo que el maestro del suspenso hubiese aplaudido de pie esta magnífica obra española. Buried se balancea casi perfectamente entre suspenso y terror psicológico, con un guión impecable, una dirección simplemente increíble y una actuación más que memorable.

 

Acerca de Emmanuel Báez 2334 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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