‘Blanca Nieves y el Cazador’, fantasía menguante

No hay ningún problema en intentar crear todo un universo alrededor de una historia tan sencilla como la de Blancanieves. Es más, para lo que intentaron hacer en Blanca Nieves y el Cazador, era necesario expandir este universo e inventarse subtramas y personajes que aportaran unas dimensiones un poco menos simplificadas de las que ofrecen los personajes principales. La Reina es mala, Blancanieves es buena, y aparte de la eterna lucha entre el bien y el mal, no había nada en el medio que justificara una película más. Por eso esta interesante visión puede ser confusa, tiene un Aslan, un Robin Hood, un intento de El Señor de los Anillos y un poquito más de historia para cada personaje, aunque el resultado final sea nuevamente algo unidimensional y pobre.

Sin embargo, la ejecución es bastante loable para tratarse de la ópera prima de Rupert Sanders, un director cuya carrera se basaba enteramente en comerciales de televisión y algunos para videojuegos, incluyendo el famoso comercial para Halo 3: ODST que le valió varios premios. Aunque al final, Blanca Nieves y el Cazador funciona como un comercial extendido con una historia rendida a hermosas imágenes que no sirven para más que un mínimo asombro. Loable, pero efímero.

Pero no es mala, para nada, solo que no posee un valor conjunto realmente resaltante. Por un lado está Charlize Theron haciendo de la Reina Malvada de turno, tirando un poco al histrionismo pero nunca abandonando la credibilidad propia de la experiencia, que le ha dado la oportunidad de provocar tanta empatía como -en este caso- aprensión. Pero se enfrenta a alguien de poca madera y que lastimosamente parece no encontrar su paso hacia un desenvolvimiento necesario como para separarse de su persona y crear un personaje. Kristen Stewart me resulta algo intrigante por eso mismo, parecía tener un futuro prometedor en Panic Room, y en Adventureland supo usar sus tics propios en favor de su personaje, pero en todo lo demás ha sido ella actuando de ella misma, y acá vuelve a fallar.

Afortunadamente solo hay un enfrentamiento real entre ambas, y aunque es el personaje de Blanca Nieves quien sale ganando, es Charlize Theron quien se lleva todos los laureles. El resto del tiempo Kristen Stewart va de la mano con el joven Cazador, interpretado por un Chris Hemsworth con un acento forzado que no resulta tan insoportable como habría de pensar en un primer momento, quizás porque cuando aparece, uno ya se ha dado cuenta de las falencias del guion, que sugiere ideas descabelladas y no las retoma de nuevo hasta el final de la película, y cuando lo hace, es más innecesario de lo que parece.

A todos les gusta la fantasía y la magia, y esto es algo que va aún más con la idea de una versión épica de Blanca Nieves, pero poco después de empezar, hay una vaga sugerencia de que toda la magia está en la mente de la Reina, sin explicación alguna. Un agujero en un guion que no da para tanto, e intenta sugerir otras grandes ideas -como un triángulo amoroso, sutil pero incluido solo por una posible secuela- que no caben en su simplicidad.

Pero hay magia, y cuando aparece es bastante colorida y atractiva. Es acá donde más se nota el control de Sanders por sobre la imagen, y son estas secuencias donde todo parece más un comercial que una secuencia misma, conjunto de un todo, con un propósito claro. Pero su belleza aislada no le quita su propia belleza, y se agradece mientras dura. Hay una especie de “santuario”, donde esta magia está bien viva y donde se habla de los viejos tiempos cuando había mucha más vida en las tierras, antes de que una embustera asesinara al rey, padre de Blanca Nieves, y su magia negra conquistara todo a su alrededor.

Pero también por acá aparece lo más desaprovechado de toda la historia, mientras se esperaba que fuera lo más resaltante. Los Siete Enanos, infaltables en cualquier versión del cuento, aparecen y desaparecen casi sin pena ni gloria, quizás con la excepción deBob Hoskins que llega a ser el único que importa, sabio y experimentado, con una voz grave y estirada. Los demás tienen casi todos la misma personalidad, omitiendo sus características más importantes en favor de una narración más rápida para lo que es posible cuando ya se puso bastante dilatada.

No hay mucho fuera de eso, aunque las secuencias fuertes, donde las batallas se vuelven protagonistas, están bien ejecutadas sin ser memorables. Sanders sabe donde colocarse y no se arriesga a más, y todo termina antes de que se ponga emocionante. Vale resaltar el admirable trabajo de maquillaje y vestimenta, y pueden esperar que Blanca Nieves y el Cazador esté presente en las categorías más artísticas y visuales en los próximos Oscar, pero hemos de recordar que sin un guion sólido, todo lo demás puede llegar a ser humo que desaparece con el más leve soplido.

Acerca de Emmanuel Báez 2314 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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