‘Aliens’, más músculos y menos cerebro

La corta secuencia de créditos inicial ya habla de algo más directo, más tecnológico y más ruidoso. En pantalla van apareciendo rápidamente las letras que forman la palabra ALIENS, que luego explota en luces blancas y vemos de nuevo algo familiar. La nave de emergencia en la que Ripley (Sigourney Weaver) escapó al final de su… accidentada aventura, termina siendo rescatada por una nave de gigantescas proporciones y las malas noticias parecen llegar a su final, pero su supervivencia será ahora el centro de un misterio mucho mayor, ya que descubrirá que estuvo a la deriva por 57 años y la vida que conocía ya no existe.

Aliens marca la tercera película de James Cameron, y el traspaso de mando no fue sin obstáculos de producción que convirtieron a la misma en un infierno, nada más adecuado para lo que el director de 32 años intentaba hacer: un gran cambio de atmósfera y género, pasando de una historia contenida de puro terror y ciencia ficción de medio presupuesto a una de acción bélica mucho más expandida y explicada, por momentos para mal, pero no así menos memorable.

Ripley es cuestionada y la gran compañía detrás de la misión que llevó a su equipo a ser diezmado por un ser alienígena de origen desconocido no puede dejarla en paz. La compañía -que ahora ya tiene nombre: The Weyland-Yutani Corporation- le revela a Ripley que el planeta de donde surgieron los problemas es habitable desde hace décadas, o al menos está en proceso mediante plantas de oxigenación y familias colonizadoras, y esto no le agrada para nada a ella. Por supuesto, la historia requiere un primer punto de giro antes de que tantas conversaciones se conviertan en chácharas y la compañía pierde contacto con los terraformadores que habitan el planeta.

Hay que recordar que esta vez el guion también quedó en manos de James Cameron, y su historia como guionista es bastante desigual (especialmente en sus diálogos), así que la fuerza de Aliens no es justamente esa, sino el monumental diseño de producción del cual formó parte de forma bien íntima, creando los enormes sets, naves -no por nada algo parecidas a las que se vieron en Terminator años atrás-, y por supuesto, la madre de todos los males, de la cual ya hablaré luego. La verborrea militar y algunas excusas en el guion para acelerar la trama hacen aguas por varios lados, pero no le quitan para nada el valor conjunto final.

No tiene mucho sentido que la compañía quiera a Ripley como asesora de la expedición militar para verificar la fuente del problema de comunicación, ya que quedó bien establecido anteriormente que ella sería puesta en revisión psicológica por varios meses, pero no es algo que no se pueda arreglar estirando algunos cables legales, según se puede entender. Se despierta sobresaltada de una pesadilla, probablemente una recurrente en donde un embrión de alien le sale del cuerpo (algo que también quedó establecido al principio) pero el problema acá es que la personalidad de Ripley se vio un poco modificada en favor de continuar la historia. ¿Por qué querría volver y por qué creería ella que la intención de la compañía es eliminar a cualquier amenaza extraterrestre en el planeta? Sus decisiones son contradictorias con su personalidad ya construida durante más de 120 minutos de existencia.

Pero una vez más, se dirige hacia allí, y esta vez acompañando a una compañía militar de lo más macho, un variado grupo de hombres y mujeres altamente entrenados y con la mejor tecnología en armas, listos para enfrentarse a cualquier tipo de situación. Algunos con una delineada pero bien ordinaria personalidad, y otros de simple adorno. Hay un androide también, esta vez interpretado con más tranquilidad por Lance Henriksen, ya que no hay una necesidad de implantar ninguna clase de misterio de mucho lío en la historia. Entramos en dos horas de pura acción bélica sin mucho descanso y con más músculos que cerebro, y la adrenalina bombea de lo más fuerte.

Encuentran que no hay supervivientes, a excepción de una niña pequeña, y debemos creer que la misma es más inteligente que cientos de ingenieros y técnicos que de alguna u otra manera pudieron haber sobrevivido a los ataques, pero que se convirtieron en huéspedes para nuevos aliens, y ahora la colonia está infestada de ellos. Le concedemos eso también, ya que Cameron sabe manejar perfectamente el ritmo y su dirección es bien directa, sin trucos innecesarios. Su ojo está donde está la acción, y nada más que eso importa para mantener al espectador al borde del asiento, mientras los protagonistas van siendo eliminados uno a uno, lógicamente dejando a Ripley y unos pocos sin muchas esperanzas.

Es así Aliens una película mucho menos inteligente, pero más ambiciosa, sin fallar en su intento por crear un nuevo relato de supervivencia, esta vez más intenso que terrorífico, y resaltando notablemente en una admirable expansión en su mitología. Ridley Scott creó al monstruo, y James Cameron creó el mundo, y la Reina Alien sigue siendo una de las criaturas más aterradoras, así como sigue siendo bastante intenso el enfrentamiento final, y eso ocurre aún notándose en varios planos que tenemos a Weaver enfrentándose a un gran títere.

No sería completamente justo comparar entre sí a las dos primeras películas de la saga, pero se ha de notar fácilmente comparando la filmografía de ambos directores, que los problemas de guion son una constante en la carrera de Cameron, mientras que Scott sabe ponerse íntimo con sus protagonistas y que resulten más relevantes. Aún así las interpretaciones de los más principales, Weaver y Michael Biehn, así como la pequeña Carrie Henn, son suficientes como para que sus personajes provoquen la empatía necesaria como para omitir el hecho de que sus acciones no sean tan coherentes sino convenientes para la historia. Todo lo demás es una muestra más de que el conocido perfeccionismo de Cameron, que casi raya la locura, da resultados de larga vida, al contrario de la saga que luego siguió en manos equivocadas.

Acerca de Emmanuel Báez 2279 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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