‘7 Cajas’, la victoria de la humildad

Un largo plano secuencia realizado con fotografías en stop-motion recorriendo el Mercado 4 por sus venas y sus arterias, pasando alrededor de cientos de personas que trabajan día y noche tratando de conseguir el pan de cada día. Cientos de historias y vidas que tienen algo que contar, pero luego de un cautivante recorrido, la cámara se detiene en los ojos centelleantes de nuestro protagonista.

Víctor es un carretillero de 17 años, que fantasea con verse en las pantallas de televisión y sueña despierto con ser el protagonista de una película hollywoodense, sin saber que está a punto de quedarse en el centro de una historia que lo cambiará para siempre. Una única oportunidad de conseguir dinero para tener un simple gramo de su sueño, con la condición de transportar siete cajas cuyo contenido desconoce. Víctor no es tan tonto como parece, pero su inocente ignorancia le hará recorrer las entrañas del Mercado 4 en una carrera por sus sueños y por su propia vida.

El guion de Juan Carlos Maneglia maneja el suspenso y la intriga con todos los tonos correctos, pero tropieza por un exceso de humor que cancela la tensión lograda en los momentos más adecuados. Y no es que el humor sea malo, aunque haya algunas situaciones que pretendan seguir quitando risas pero queden forzadas, sino que pueden sentirse innecesarias si ya se está siguiendo un evento anterior que demanda otra clase de energía, y pasar bruscamente del suspenso a la comedia solo juega en contra de las propia narración.

Claro está que, al final, el humor es relativo, y la película logra arrancar de nuevo rápidamente porque ya hay una atención en el misterio que mueve hacia adelante una trama bien construida, repleta de secundarios que aportan y unos protagonistas que se creen a sí mismos la mayor parte del tiempo. Celso Franco y Lali González consiguen salir airosos porque la química es evidente y verosímil. Se siente en las discusiones, en las burlas, y en los diálogos más simples, y ambos captan la atención con poco esfuerzo.

Así mismo el antagonista, Nelson, interpretado por Víctor Sosa, funciona como un antagonista carismático, por quien es difícil no sentir empatía a pesar de sus intenciones. Después de todo, no es más que un padre buscando el sustento para su esposa e hijo. Hay una verdadera transformación en su rostro, que resalta en cada primer plano, pasando de la desesperación, a la rabia y al odio. La necesidad es así una protagonista más, motivando a los personajes a seguir caminos distintos e incitándolos a hacer cosas que de otro modo, quizás, no se habrían visto obligados a hacer.

Pero así como hay buenos personajes, hay otros que no convencen. Luis, interpretado por Nico García, tiene más fallos que aciertos, y es a quien se le nota más la actuación como algo forzado que como una interpretación propiamente dicha. Pero la falta no está en el actor en sí, sino en su presentación cómica, casi caricaturesca, mientras sus intenciones son más macabras que la del propio Nelson. Esta contradicción deja a su personaje como si fuera parte de un sketch, casi inconexo con el resto de la historia, cuando un enfoque más serio podría haber ayudado a que su narración paralela sea más interesante.

Así también hay algunos secundarios prescindibles, sin quienes el hilo principal sigue sin problemas, pero se ha de notar que la película no muestra desde un principio a Víctor como único protagonista. Hay una historia central que se mueve hacia adelante, y hay otras paralelas que hablan más de los personajes y el submundo del mercado en el que viven, concentrados en su propia cotidianidad, con la humildad dibujada con matices verosímiles, recordándonos que a pesar de la ficción, hay una realidad de la que no se puede escapar.

Por supuesto, es innegable el logro mayor, el de la traslación exitosa del idioma Guaraní y el jopara a la pantalla, que se sienten reales ante todo. El reflejo del paraguayo es, por primera vez, puro y sincero, así como el corazón de la misma historia que nos cuentan Maneglia y Tana Schémbori, que mezclan thriller y acción  exitosamente, con muchos más aciertos que errores, una fotografía loable de Richard Careaga y una banda sonora que acompaña muy bien los eventos y logra ensalzar la fuerza de los momentos más memorables de la historia.

7 Cajas logra lo que ninguna película paraguaya ha logrado en mucho tiempo: ser honesta, ser creíble y, ante todo, ser capaz de seducir desde el primer minuto hasta que los créditos finales comienzan a aparecer -a pesar de las pocas falencias que evitan que sea una magistral ficción comercial- convirtiéndose en una experiencia emocionante. Así como Víctor, las intenciones de los realizadores se sienten humildes y por eso, triunfan.

Acerca de Emmanuel Báez 2364 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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