‘La Gran Apuesta’, una maldita historia real

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Hay una línea en El Señor de los Anillos que me resulta fascinante y en la cual siempre pienso cuando pienso en el deseo desmedido de poder del hombre. Galadriel, narrando el paso del Anillo Único, dice “que el corazón del hombre se corrompe fácilmente y que el anillo de poder tiene voluntad propia”. A falta de un anillo de poder, tenemos dinero. Pasta, guita, plata, lana, pisto, tela, mosca, biyuyo, en todas sus formas y colores. El mundo depende enteramente de su existencia, y ya estamos completamente alejados del punto de retorno, así que solo queda atesorar los valores más positivos mientras el hombre transita por una decadencia sin frenos.

Si este pensamiento les genera una mínima indignación, una película como The Big Short debería encaminarlos hacia una decepción completa, aunque no debería hacer falta una película como esta para sentir que hay algo bastante quebrado en el sistema. Es probable que ya lo sientan, y simplemente no hayan podido señalar con el dedo correctamente por falta de conocimiento, algo muy comprensible en casos como estos porque hay demasiadas personas haciendo todo lo posible porque la gente común y corriente, aquella cuya máxima preocupación mensual es pagar la cuota del préstamo, no entienda nunca lo que está sucediendo. En pocas palabras: nos están cagando la vida.

Esta es la historia real de un grupo de marginados del mundo de las finanzas que vieron venir la gran crisis financiera del 2008 y se aprovecharon de las fallas en el sistema, asegurándose un ingreso sustancioso para los siguientes años, mientras el resto de la población –los menos pudientes, cuya máxima preocupación es el pan de cada día- se disponían a luchar por migajas. Es una película muy bien hecha acerca de un tema realmente irritante, que si llega a provocarles algo de enfado, deberían agradecer. Quizás sea señal de que son humanos y que tienen un mejor ideal para el mundo.

La parte entretenida depende mucho del elenco, y ahí está el primer punto a favor. Ryan Gosling empieza hablándole a la cámara, estableciendo el tono de la narración a uno ameno, dispuesto a buscar métodos de comunicación eficaces entre la historia y el espectador, lo que se vuelve necesario teniendo en cuenta el tema que encaran. Los demás jugadores en este enmarañado panorama son Christian Bale, como el dueño de un fondo que es muy hábil en el análisis financiero, y es uno de los primeros que vaticina un colapso financiero. Luego está Steve Carell, interpretando a Mark Baum, dueño de otro fondo que se alianza con el personaje de Gosling para buscar beneficios en la inminente caída, aunque Baum tiene intenciones nobles por un odio absoluto hacia los bancos y el gobierno.

Luego están Finn Witrock y John Magaro como dos novatos en el mundo de las finanzas que buscan el asesoramiento de Ben Rickert, un especialista retirado interpretado por Brad Pitt, cuando se topan con la predicción del declive económico. Si bien varios de estos personajes son fríos, Pitt y Carell ofrecen una perspectiva más humana, recordando sobre los verdaderos afectados en todo este suceso: “las pequeñas personas”, las familias, las amas de casa, los padres que pelean día tras día para que sus hijos tengan algo para comer y una casa donde dormir. La película no se olvida de quienes son los que más sufren por culpa del sistema y eso le da un gran valor al todo, a pesar de la frialdad de quienes intervienen en la historia.

No es fácil encarar el tema de la crisis financiera, cuyos estragos siguen sintiéndose hasta el día de hoy, no solamente en Estados Unidos sino en el resto del mundo, así que realizar una película al respecto se anticipaba compleja. Afortunadamente, el director Adam McKay encuentra el tono y la forma correcta de comunicar esta problemática, aunque lo hace con una invitación implícita a investigar más, ya que sabe que un tema tan complicado merece un análisis más profundo que una película de dos horas. En este tiempo, aprovecha de recursos narrativos ingeniosos para atraer la atención del espectador, para luego informarle cosas que probablemente no comprendería de otra manera.

The Big Short es una película esencial, aunque seguramente interesará más a quienes entienden la jerga sin necesidad de que Selena Gómez explique usando un juego de Veintiuno como alegoría. Es bastante objetiva y no tiene intención de tomar bandos, apelando a la humanidad o la indiferencia del espectador. Después de todo, el mundo está como está porque seguimos en una constante lucha entre la humanidad de pocos y la indiferencia de muchos. Sin embargo, deja un resquicio de esperanza en cuanto a lo que realmente debería ser relevante en el mundo y lo que últimamente importa más allá de los números y los ceros a la derecha: los corazones que no pueden ser corrompidos.

Acerca de Emmanuel Báez 2455 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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