‘Man Up’, una comedia romántica más cerca de la realidad

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Esta es una típica comedia romántica en la que los protagonistas pasan un día juntos por cosas del destino, conociéndose de una forma mágica, pasando momentos de ternura fantástica, de esos que probablemente no se olviden fácilmente y conformen el principio de una historia de amor que podría durar toda una vida. Todas las convenciones básicas del género están acá, excepto que la película es muy poco convencional, en el sentido de que se aprovecha de los clichés más gastados y los tuerce con magníficas actuaciones y giros frescos e inusuales, haciendo que sea realmente una de las mejores comedias románticas de los últimos años.

Parte de eso se debe a la increíble química entre Simon Pegg y Lake Bell, que forman una pareja bastante realista, la cual se siente tridimensional porque apuntan a un público muy diferente de lo habitual en este tipo de historias. Ella es Nancy, una “perdedora” social de 34 años, que prefiere mil veces quedarse en casa a ver The Silence of the Lambs a ir a una fiesta donde sabe que será bombardeada con preguntas de índole romántica que no quitan lo mejor de ella, y sus habilidades sociales tampoco son las más desarrolladas como para salir ganando de ese tipo de situaciones.

Él es Jack, un tipo de 40 años que pasó por un reciente divorcio que aún sigue tajándolo emocionalmente y aceptó acudir a una cita a ciegas con una chica de 24 años llamada Jessica, perteneciente a la generación Facebook más cursi e insoportable. Sin embargo, Jessica termina en el mismo tren que Nancy, y decide que debe ayudarla de alguna manera a retomar su camino en la vida, por lo que le deja un libro que estaba leyendo. El quid de la cuestión es que Jessica y Jack debían reconocerse mediante el libro, y así es como Nancy termina usurpando la identidad de la joven, en un torpe pero decisivo intento de arriesgarse a lo desconocido.

Lo que sigue a esto es el predecible segundo acto de una película romántica cualquiera, pero una vez más, el director Ben Palmer y la guionista Tess Morris esquivan los remates y someten a los clichés a eventualidades más interesantes. Donde una comedia romántica común y corriente recién revelaría la farsa de Nancy hacia el tercer acto, ofreciendo un desenlace lúgubre para luego hacer un rápido cambio hacia lo más romántico, acá ocurre ya en la mitad de la obra, ofreciendo al personaje de Bell la oportunidad de redimirse y madurar, encontrándose a sí misma de una forma más realista. Así también ocurre con Pegg, que le inyecta a Jack un aura de patetismo que se va desenmascarando, mostrando a una figura más humana y con la cual es más agradable empatizar.

A esto hay que sumarle el hecho de que estamos hablando de dos actores que siempre se sienten sinceros en sus interpretaciones, y no sé si eligen papeles que tengan características de ellos mismos en la vida real, o si son genéticamente perfectos para este tipo de géneros. Ni Simon Pegg ni Lake Bell tienen el porte de protagonistas de una película romántica comercial norteamericana, y eso mismo agrega naturalidad a sus caracterizaciones, logrando emotividad honesta y simpatía palpable con el agregado humor inglés que sobresale por su ingenio y sencillez.

A pesar de todo esto, creo que sintieron que Man Up seguía siendo una comedia romántica, y naturalmente la película toma rumbos más usados, convirtiendo a Jack en un tradicional galán que entrega discursos elaborados y artificiales. Para entonces la obra ya está impregnada de la autenticidad de ambos, y cualquier resolución trillada se favorece de todo el desarrollo previo, las buenas sensaciones generadas, y la idea agradecida de una historia romántica que al menos procura ser diferente a la mayoría.

Acerca de Emmanuel Báez 2332 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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