‘The Martian’, sobreviviendo con estilo

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Lo más sorprendente de The Martian es lo tranquila que es para tratarse de una historia de supervivencia. A pesar de lo desesperante de la premisa, mantiene un buen humor y un ritmo fascinante que apenas decae durante toda la historia, producto de un Ridley Scott que vuelve a sus raíces, y hace suya una ciencia ficción dura que se compromete con la verosimilitud y el entretenimiento sincero. Es una obra genial para hacer un double feature junto a Gravity, pero luego de esa, porque esta ofrece un aire de esperanza más ameno y menos angustiante.

Matt Damon interpreta a Mark Whatney, un astronauta especializado en botánica que se encuentra solo en el planeta Marte luego de que su equipo lo dejara por muerto tras un accidente en medio de una fuerte tormenta. La única solución es hacer uso de sus habilidades y conocimientos para sobrevivir, mientras busca una forma de contactar nuevamente con NASA para una misión de rescate. En la Tierra, los directivos y especialistas debaten acerca de cómo llevarlo a cabo, tomando en cuenta todas las complicadas aristas de la misión.

La película podría haber funcionado bastante bien aun con Damon como único protagonista, ya que lleva la historia sobre sus hombros con gran soltura. Su personaje es uno que abraza la vida tal cual es, y es tan agradable, que uno se imagina varado con él en donde sea. Es lo que hace que el desarrollo se desenvuelva con una jovialidad encomiable, tanto en lo más fácil de entender, hasta en la ciencia más incomprensible, para quien no sea ducho en la química necesaria para hacer agua o la técnica para armar un comunicador con los restos del Mars Pathfinder.

Sin embargo, la trama se enriquece con las idas y venidas entre Marte y la NASA, con los especialistas discutiendo cuestiones relevantes como las probabilidades de una misión de rescate, hasta temas igualmente problemáticos como las relaciones públicas, y se agradece que se tenga en cuenta tantas interrogantes, ya que eso solo agrega realismo a toda la situación. No sabría decir hasta qué punto el guion, firmado por Drew Goddard -así como la novela original de Andy Weir-, se acerca a la realidad, pero lo innegable es que Scott filma con tanto interés en la esencia de la historia, que es fácil creer todo lo que ocurre y cómo se lleva a cabo.

Es algo que emociona luego de que Scott se haya perdido en títulos como The Counselor y Exodus, obras que parecían hechas sin el menor grado de interés en algo más que la forma. Ya ni cabe mencionar a estas alturas aquella cosa amorfa que fue Prometheus, bastante alejado de la capacidad real del realizador que trajo obras maestras como Alien y Gladiator. En The Martian se recupera, y se nota un fervor franco hacia las posibilidades de un relato verdaderamente inspirador, uno que sirve para que niños de hoy observen y sientan ganas de ser astronautas. ¿Cuándo fue la última vez que una película hizo algo así?

Aunque Damon es el rostro principal de todo el meollo, el resto del elenco es más que competente. Jeff Daniels interpreta al director de la NASA, mientras que Chiwetel Ejiofor es la cabeza del proyecto de misiones a Marte, la cual ya está en su tercera versión con el Ares 3, conformado por Jessica Chastain, Kate Mara, Sebastian Stan, Michael Peña, y Aksel Hennie. Si bien son, en su mayoría, estereotipos, son bien trabajados y convencen lo suficiente como para que le den sustancia al dilema central y cómo este va encontrando un desenlace favorable.

Algo que no se le puede quitar a Scott es que es un verdadero virtuoso cuando se trata de deleitar la vista. En su colaboración con Dariusz Wolski, con quien trabajó en Prometheus y Exodus, crearon los escenarios más impactantes de Marte, regalando unos maravillosos planos que jamás cansan, incluso cuando se repiten. El planeta se convierte así en un protagonista más de esta historia, como poquísimas veces se vio en el cine.

Un punto inolvidable de The Martian, aparte de la energía positiva que tiene con respecto a la ciencia, es una banda sonora fabulosa que va desde David Bowie hasta ABBA, acompañando a la odisea de Whatney de forma memorable. Por supuesto, no todo es alegría en esta travesía hacia la supervivencia, pero hasta en sus puntos de mayor nerviosismo, es una obra que jamás cae en lo melodramático, y con eso logra emocionar, convirtiéndose en un argumento perfecto para lo mejor del cine espacial.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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